En la mes de marzo ha caído en nuestro jardín aquí en la Vera la friolera de 547 mm de lluvia. Esta circunstancia, junto con un calendario escolar muy apretado y un viaje fin de curso a Portugal, no me ha dejado mucho tiempo para salir al campo últimamente.
Para no dejar desatendido al blog demasiado tiempo quiero hacer una entrada sobre una de nuestras aves favoritas. Desde luego nunca se ve aquí en la Vera pero sí a veces en el invierno en el cantábrico, como ha reportado nuestro amigo Ernesto en su blog http://nosinmisprismaticos.blogspot.com.es/search/label/Frailecillo%20atl%C3%A1ntico
El pájaro en cuestión es el frailecillo, hermoso, entrañable y adorable donde los haya, y en tiempos recientes, como muchas aves marinas no está atravesando su mejor racha. Precisamente este invierno se encontraron muchos wrecks de cientos de frailecillos en las costas del noreste de Gran Bretaña, por razones desconocidas pero se teme que por el mal tiempo en el mar de norte.
Felizmente, los acantilados donde se tomaron las fotos de abajo, en el año 2009 y por la técnica de digiscoping, aun tienen colonias impresionantes. Se tratan de las reservas de Hermaness (¡veinticinco mil parejas!) y de Noss en las Islas Shetlands. Allí vivimos dos semanas con estas preciosas aves a principios de julio y pudimos ver cómo viven día a día, llegando a sus madrigueras con el pico lleno de pececillos, y aguantando el acoso continuo de los págalos grandes que quieren quitarles su presa o su vida!. Hemos podido sentarnos en el mullido césped encima de los acantilados con los frailecillos andando tranquilamente a nuestro alrededor, cementando la pareja con juegos de pico, antes de lanzarse otra vez al mar para encontrar más comida.
Como los pingüinos reyes que acabamos de ver en Tierra de Fuego, los grupos de estas aves hacen juegos muy bonitos de blanco, negro y los colores más vivos de su pico:
Pero también, siendo un pájaro muy confiado, te deja hacerle bastantes retratos cuando les ganas la confianza. Fijaros en que los colores del pico son del Barça, claro está.
Esta última foto me gusta mucho porque se ven las señales de su vida pasada grabados como mini cicatrices en su pico y la sal del mar donde vive y caza aun visible como puntos blancos en su plumaje.
La verdad es que la avifuana de los acantilados de las Shetlands es un experiencia de la que ningún naturalista debería privarse. Los gritos varios de las gaviotas tridáctilas, los alcatraces, los frailecillos, las alcas y, sobre todo, de los araos, todos llenando el aire encima de la batería de las olas debajo, es una gozada que nunca se olvida en la vida.





