close
Ir al contenido

Fraticelli

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Con el nombre de fraticelli se nombra a varias sectas de herejes de la Edad Media que aparecieron en los siglos XIV y XV[1] que deben su origen a los franciscanos espirituales que se rebelaron contra las disposiciones y declaraciones del papa Juan XXII referentes a la pobreza franciscana. Hay que distinguirlos de los espirituales, que les precedieron hasta 1318, aunque tuvieran ideas comunes. La diferenciación entre los últimos espirituales, los fraticelli y otros grupos de herejes es difícil, pues se relacionaron, aunque organizativamente no estuvieran conectados entre ellos, con los apostólicos, los miguelistas,[2] los begardos, las beguinas, los dulcinistas, los joaquinitas y los fratres de opinione.[3]

Los fraticelli llevaron sus ideas hasta el extremo, especialmente las referentes a la pobreza, la absoluta intangibilidad de la Regla de la primera orden franciscana, siguiendo además las ideas joaquinistas. Por influjo de los neomaniqueos, los fraticelli aceptaron la idea de las dos Iglesias, una espiritual o verdadera y otra carnal (esta sería la católica, jerárquica y jurídica), llegando a negar la validez de los sacramentos, a causa de su elemento material y porque se administraban por clero ilegítimo (autorizado por la jerarquía «romana»). Finalmente, adoptaron o los acusaron de realizar aberraciones morales en materia de castidad.[1][4]

Estos grupos de herejes proclamaban el fin del verdadero pontificado (papado) romano, al considerar a Juan XXII y sus sucesores como herejes.[1][4]

Se difundieron especialmente en Italia, de donde pasaron, perseguidos por la Inquisición, a España y Grecia.[1] En el siglo XV se aliaron también con los husitas bohemios.

Trabajaron y escribieron contra ellos, a menudo por autorización pontificia, Andrea Ricci de Florencia, Juan de Capistrano, Jaime de la Marca, Antonino de Florencia y Giovanni de Celle.

Etimología

[editar]

El término «fraticelli» aparece en las fuentes entre los siglos XIII y XIV, empleado generalmente como una denominación popular o despectiva para referirse a religiosos que vivían en condiciones de pobreza y eremitismo, al margen de la jerarquía de la Iglesia católica [5]. Su primera aparición formal en un documento pontificio se produce en la bula Sancta Romana, promulgada por Juan XXII el 30 de diciembre de 1317, donde se condena a «nonnulli viri prophane multitudinis qui vulgariter Fraticelli seu fratres de paupere vita [...] » [6]. A partir de entonces, el vocablo se incorporó al lenguaje jurídico de la Curia, aunque la bula también citaba otros nombres —como Bizzochi o Beghini— y aludía a diversas regiones desde Italia hasta la Provenza, lo que indica que el término aún no definía a un grupo específico [7].

En las fuentes franciscanas de la época, «fraticelli» no era un nombre elegido por los propios religiosos, sino impuesto externamente [8]. Es célebre el caso de Michele da Calci, quien, según la crónica de su martirio, protestó contra la sentencia que lo calificaba de «hereje de los fraticelli de la vida pobre», afirmando: «No sé de qué fraticelli habla: soy un fraile menor de san Francisco que observa la regla» [5]. Este rechazo evidencia la tensión entre la identidad atribuida por la Inquisición y la identidad asumida por quienes se consideraban fieles al carisma de Francisco de Asís [8]. Angelo Clareno, figura central del movimiento espiritual en las Marcas, evitó sistemáticamente el uso de esta palabra [9]. En su epistolario no figura nunca, prefiriendo fórmulas como fratres pauperes o pauperes humiles [10]. Solo en su obra Historia septem tribulationum aparece el término, pero siempre puesto en boca de sus adversarios, como Bonagrazia de Bérgamo [11]. Para Clareno, «fraticelli» era una etiqueta polémica usada para criminalizar la pobreza radical y desplazarla hacia la herejía [12][13].

Una perspectiva distinta se observa en las cartas en lengua vulgar del agustino Gentile da Foligno, cercano al círculo de Clareno [14]. En una misiva a Matteuccio da Gubbio, Gentile defiende la «vida de los fraticelli» como un seguimiento auténtico del Evangelio, sosteniendo que la excomunión de Juan XXII no iba dirigida contra ellos [15]. Argumentaba que la decretal afectaba solo a quienes creaban nuevas órdenes sin licencia, mientras que los auténticos fraticelli habían renunciado a cargos, hábitos y nombres propios [16]. Para Gentile, el término adquiere un valor moral positivo, describiendo a cristianos humildes que siguen la vida de Cristo conforme a su fragilidad humana [17][18].

Con el endurecimiento de la represión papal, «fraticelli» se convirtió en una categoría inquisitorial técnica [19]. Durante la década de 1330, las cartas de Juan XXII y Benedicto XII mencionan a los fraticelli de paupere vita asentados en la Marca de Ancona, en localidades como Camerino, Fermo, Matelica y San Ginesio [20]. En estos documentos, la palabra identifica específicamente a los seguidores de Clareno, considerado su líder (caput seu magister eorum) [20]. No obstante, en la documentación local el uso siguió siendo más laxo, aplicándose en ocasiones a simples eremitas o penitentes [21][22].

Según Lambertini, la evolución del término muestra una ambigüedad constante [23]. Tras la bula Sancta Romana, la palabra resulta restrictiva si se limita a los grupos heréticos, pero demasiado amplia en el habla común [19]. Para la historiografía actual, el término no designa una orden o secta compacta, sino una constelación de grupos vinculados por el deseo de vivir el Evangelio en pobreza absoluta [24]. En las Marcas, el nombre fue un concepto en disputa: una herramienta para estigmatizar al disidente y, al mismo tiempo, un signo de fidelidad evangélica para quienes lo reivindicaban desde dentro [24].

Historia

[editar]

Tras la muerte de san Francisco, la división entre los defensores de la pobreza absoluta y la línea moderada de la orden dio lugar a grupos independientes. Entre ellos destacó el liderado por fray Liberato y Angelo Clareno, con comunidades en Roma, la Marca de Ancona y el Reino de Nápoles[25]. Su rigorismo y el amparo de ciertos sectores de la nobleza y el episcopado dificultaron su represión por parte de la Inquisición[25]. Tras la muerte de Clareno, el movimiento se extendió por Italia bajo nuevos liderazgos, como el de Felipe de Mallorca[26]. Se distinguieron dos corrientes principales: los fraticelli de paupere vita, enfocados en la pobreza real y el ejemplo de Cristo, y los fraticelli de opinione o «miguelistas», quienes seguían las tesis de Miguel de Cesena sobre la carencia total de propiedad de Cristo y los apóstoles[25].

Durante el siglo XIV, los fraticelli se expandieron por el centro de Italia, especialmente en los alrededores de Perusa y Asís. Pese a las disposiciones de Juan XXII en 1334, mantuvieron su influencia e incluso ocuparon monasterios como el de Monte Salvi[27]. En este periodo desarrollaron una postura crítica hacia la jerarquía eclesiástica, a la que acusaban de simonía y de haber perdido su potestad espiritual, aunque sin cuestionar la validez de los sacramentos administrados por esta[28].

La persecución se recrudeció en el siglo XV. En Roma y Umbría, muchos fueron procesados y quemados en la hoguera; no obstante, algunos mantuvieron su adhesión a la pobreza apostólica hasta el martirio[29]. El ascenso de los franciscanos observantes, con el respaldo pontificio, terminó por desplazar al movimiento de su base social [30].

A finales del siglo XV, el movimiento había desaparecido como fuerza organizada, quedando reducido a grupos aislados en zonas rurales de Umbría[29]. Los intentos posteriores de restaurar su ideal de pobreza, como el encabezado por el franciscano español Felipe Berbegall, fueron suprimidos por Eugenio IV[29].

Fraticelli de paupere vita

[editar]

La facción de los Fraticelli de paupere vita («hermanitos de la vida pobre») se describe habitualmente como la rama más vinculada a la tradición de los espirituales franciscanos y al ideal de pobreza absoluta de san Francisco de Asís[25].

El grupo surgió como sucesor directo de la facción liderada por fray Liberato y Angelo Clareno, quienes establecieron comunidades autónomas en Roma, la Marca de Ancona y el Reino de Nápoles tras separarse de la orden oficial[25]. Estos frailes destacaron por un estilo de vida austero y sencillo, ganándose el respeto del pueblo y el apoyo de nobles y obispos, lo que dificultó la labor represiva de la Inquisición[25]. Su espiritualidad se basaba en la imitación rigurosa de la vida evangélica, sosteniendo que Cristo y los apóstoles carecían de propiedades, tanto individuales como comunes. Para este grupo, la pobreza no era solo una renuncia material, sino un camino místico hacia Dios y la máxima expresión de perfección espiritual[31]. Según sus líderes locales, fueron conocidos también como fratres evangelici, fratres veritatis o fratres fratris Philippi de Maioricis[32]. Algunos miembros, como Felipe de Mallorca o Tommaso da Boiano, radicalizaron su discurso al considerar herético a Juan XXII y negar la validez de los sacramentos impartidos por sacerdotes fieles al papa, aunque estas posturas extremas no fueron adoptadas por todos los integrantes[32]. Doctrinalmente se diferenciaban de los Fraticelli de opinione (o michelistas); mientras estos últimos se centraban en las disputas teológicas de Miguel de Cesena, los de paupere vita priorizaban la pobreza práctica y la experiencia evangélica cotidiana[33].

Angelo Clareno, figura central del movimiento, definía la pobreza como la «esposa de Cristo» y el medio para alcanzar el amor perfecto. Sostenía que, si bien los sacramentos eran útiles, el creyente sincero podía acceder a la divinidad mediante la penitencia y la caridad[34]. Tras la muerte de Clareno, la falta de un liderazgo claro provocó la dispersión del grupo y un relajamiento de la disciplina[25]. En el siglo XV, el auge de los Franciscanos observantes —respaldados por el papado— canalizó el ideal de pobreza franciscana, precipitando el declive de los fraticelli[30]. Desaparecieron como organización a finales del siglo XV, aunque su legado pervivió en pequeños núcleos eremíticos del centro de Italia[29].

Los Fraticelos «de opinione» (o michelistas)

[editar]

Los fraticelos «de opinione», también conocidos como michelistas, fueron una de las dos corrientes principales del movimiento de los fraticelos. Surgieron a partir del pensamiento de Miguel de Cesena y sus compañeros, Bonagrazia de Bérgamo y Guillermo de Ockham, conocidos por su enfrentamiento con el papa Juan XXII sobre la pobreza de Cristo y los apóstoles [35].

Tras la muerte de sus líderes, su doctrina perduró en Italia a través de seguidores —generalmente de instrucción modesta— que mantuvieron la polémica mediante una teología activa pero de escasa profundidad. Se les denominó fraticelos «de opinione» porque su herejía nacía de «opiniones» teológicas, a diferencia de los fraticelli de paupere vita, cuya distinción era principalmente práctica [35]. Los michelistas sostenían que Cristo y los apóstoles carecían de propiedad tanto individual como común, disponiendo de los bienes solo como uso de hecho (usus facti), sin derecho de propiedad (ius proprietatis) ni dominio civil [36]. Consideraban a Juan XXII herético por negar esta tesis y, por extensión, juzgaban que los papas y clérigos posteriores habían perdido su autoridad espiritual. No obstante, aunque invalidaban el ministerio de dichos sacerdotes, aceptaban que los sacramentos celebrados por estos mantenían su eficacia, si bien «para su propia condenación» [36].

A diferencia de las ramas eremíticas, los michelistas se organizaron bajo el modelo de la Iglesia oficial, contando con sus propios obispos, sacerdotes e incluso un «patriarca», convencidos de representar la verdadera Iglesia de san Francisco [33]. Su núcleo principal fue la Marca de Ancona, desde donde enviaban misioneros disfrazados de mercaderes o soldados para administrar sacramentos en secreto [33]. Su presencia se extendió a Florencia, donde en 1382 se reinstauraron las leyes contra la herejía de Federico II; allí, en 1389, el predicador Miguel de Calci fue ejecutado en la hoguera como mártir de la pobreza evangélica [33].

En el plano doctrinal, los michelistas produjeron diversos textos, entre ellos la Lettera a tutti i fedeli (1375–1389), donde defendían la validez de sus sacramentos. La obra más relevante fue la Appellatio monacensis (c. 1378), atribuida erróneamente durante tiempo a Guillermo de Ockham, la cual enumeraba los errores de Juan XXII y criticaba la riqueza del clero [36].

Durante el siglo XV, los michelistas sobrevivieron en pequeños grupos clandestinos. Un importante proceso inquisitorial en 1466 mostró que aún mantenían una jerarquía interna, con un obispo («Nicola di Massaro») y comunidades autónomas incluso en Grecia [37]. Debido a la consolidación dei los Franciscanos observantes y a la presión pontificia, el movimiento entró en declive hasta desaparecer a finales del siglo XV. Su defensa de la pobreza absoluta y la crítica a la jerarquía eclesiástica dejaron una huella notable en la espiritualidad bajomedieval [38].

Véase también

[editar]

Referencias

[editar]
  1. 1 2 3 4 Enciclopedia Católica, «Fraticelli.»
  2. Relaciones históricas entre Aragón y Cataluña : visiones interdisciplinares. Editorial Prensas Universitarias/Universidad de Lérida
  3. «Fraticelli». Catholic Encyclopedia. Consultado el 18 de febrero de 2007.
  4. 1 2 Ludwig von Pastor: Historia de los papas, tomo IV, libro II, cap. IV
  5. 1 2 Lambertini, 2006, p. 230.
  6. Lambertini, 2006, p. 236.
  7. Lambertini, 2006, p. 237.
  8. 1 2 Lambertini, 2006, p. 231.
  9. Lambertini, 2006, p. 232.
  10. Lambertini, 2006, p. 233.
  11. Lambertini, 2006, p. 234.
  12. Lambertini, 2006, p. 238.
  13. Lambertini, 2006, p. 239.
  14. Lambertini, 2006, p. 240.
  15. Lambertini, 2006, p. 241.
  16. Lambertini, 2006, p. 243.
  17. Lambertini, 2006, p. 244.
  18. Lambertini, 2006, p. 245.
  19. 1 2 Lambertini, 2006, p. 248.
  20. 1 2 Lambertini, 2006, p. 249.
  21. Lambertini, 2006, p. 250.
  22. Lambertini, 2006, p. 251.
  23. Lambertini, 2006, p. 247.
  24. 1 2 Lambertini, 2006, p. 252.
  25. 1 2 3 4 5 6 7 Douie, 1978, p. 210.
  26. Douie, 1978, p. 211.
  27. Douie, 1978, p. 217.
  28. Douie, 1978, p. 218.
  29. 1 2 3 4 Douie, 1978, p. 246.
  30. 1 2 Douie, 1978, p. 240.
  31. Douie, 1978, p. 211, 258.
  32. 1 2 Douie, 1978, p. 212.
  33. 1 2 3 4 Douie, 1978, p. 226.
  34. Douie, 1978, p. 75, 240, 258.
  35. 1 2 Douie, 1978, p. 197.
  36. 1 2 3 Douie, 1978, p. 231.
  37. Douie, 1978, p. 243.
  38. Douie, 1978, p. 243-246.

Bibliografía

[editar]