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Diagrama de las iniciales de los nombres de las 10 Sefirot Mois�s Cordovero 1592 |
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En este dibujo letr�stico de Mois�s Cordovero [4] se muestra la simbiosis entre la perspectiva arquitect�nica y el acto intelectual, casi divino, del esplendor del espacio.
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Moneda antigua jud�a del a�o 3. |
Hemos aproximado este dise�o de Cordovero a lo eminentemente velazque�o y meninesco, en el l�mite del recuerdo y de la reflexi�n:
������� Un mundo de ejemplares �nicos en la larga vida de la sacra tradici�n.
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������� Sabemos que esta concepci�n tan descubierta de Las Meninas resulta extra�a; aunque la novedad de esta pintura es cumplir con los exigentes requisitos de la condici�n simb�lica y espacial de la Ciencia de la Kabala:
Orientaci�n a los cuatro puntos cardinales.
Seis caras de un cubo o paralelogramo para meditar dentro de �l.
El �rbol Sagrado de la Vida.
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Heh |
este-superior |
YHVH |
Jud� |
Toro |
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Vau |
este-norte |
YHHV |
Isacar |
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Zayin |
este-inferior |
YVHH |
Zabul�n |
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Chet |
sur-superior |
HVHY |
Ruben |
Le�n |
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Tet |
sur-este |
HVYH |
Sime�n |
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Yod |
sur-inferior |
HHVY |
Gad |
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Lamed |
oeste-superior |
VHYH |
Jos� |
�guila |
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Nun |
oeste-sur |
VHHY |
Lev� |
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Samekh |
oeste-inferior |
VYHH |
Benjam�n |
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Eyin |
norte-superior |
HYHV |
Dan |
Hombre |
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Tzadi |
norte-oeste |
HYVH |
Aser |
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Kof |
norte-inferior |
HHYV |
Neftal� |
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Sefer Yetzirah - Cap�tulo 5:2. |
Las doce diagonales est�n directamente relacionadas con la estructura del �rbol Sagrado seg�n nos plantea la lectura del Bahir, el Sefer Ha Bahir [5]:
Hay una relaci�n uno a uno entre los doce l�mites de las diagonales y las doce diagonales del diagrama del �rbol de la Vida.
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������� Ha sido necesaria la ayuda especial e ineludible de un m�todo antiguo para adentrarse en un mundo clandestino plagado de claves esot�ricas.
Vel�zquez sell� los cuatro costados de Las Meninas [6] estableciendo los l�mites del pensamiento humano, y dio cobijo en su obra maestra al �rbol de la Ciencia y Sabidur�a, de doce ramas diagonales, para rememorar, desde entonces, la creaci�n divina, y protegiera, despu�s de todo, a un mundo intolerante que prohib�a casi todo lo que tratamos en nuestro an�lisis.
Tal y como en una logia se representa simb�licamente los elementos del Templo de Jerusal�n, en el �leo de Las Meninas se da paso a una orientaci�n concreta, con sus puertas y ventanas, que encamina directo al �rbol Sagrado de la Vida y del Conocimiento.
Visto as�, el argumento escenogr�fico de esta pintura espa�ola y barroca tratar�a de la imagen, forma y estructura del significado del orden del mundo, es decir; un elaborad�simo microcosmo.
El lector, que quisiera acceder de manera voluntaria a este mundo de meditaci�n y Geometr�a, precisar� valerse de su personalidad, aunque la complementar�a con;
algo de esfuerzo,
una inteligencia moderada
y un expreso conocimiento liberal...
Un observador que se sienta preparado para andar en esta tierra llena de letras, ideas y creencia debe saber investigar por s� mismo, nosotros s�lo ayudaremos por lealtad a la congruencia de nuestras deducciones, no queremos frivolizar con una doctrina ajena, aunque hallamos contra�do una deuda literaria con lo que apuntamos.
Abordaremos la b�squeda, y m�s tarde, el ascenso del �rbol de la Vida.
El encuentro es muy personal, de poco vale decir:
������� !Mira all� y contempla este objeto Sagrado�
Dif�cil cuesti�n si hay que pensar o mirar por los dem�s, esto pone en duda la verosimilitud de un pensamiento que no de una verdad, y se enjuicia de inmediato, y se piensa que se est� haciendo propaganda para otros.
������� En un libro p�stumo, un a�o antes de Las Meninas, en 1655, el escritor y pol�tico Diego de Saavedra Fajardo, vali�ndose de un sue�o, describe la vida de una ciudad en su Rep�blica Literaria [7], y nos ofrece, en aras del juicio y la oportunidad, una descripci�n muy compleja de una ins�lita sala cuadrada:
������� (...), donde se pesaban los ingenios y se les daba la justa y debida estimaci�n. En el techo resplandec�a el octavo cielo con todas sus constelaciones, atravesando el zod�aco, en el cual se ve�an los doce signos. Form�base este c�rculo sobre cuatro �ngulos en los cuales se ofrec�an resalidos los cuatros vientos principales. El euro entre blancas nubes; el austro arrebolado y fogoso, el favonio vertiendo flores y el aquil�n sacudiendo de su oscuro manto nieve y granizo; y por el espacio de las cuatro paredes estaban los cuatro tiempos del a�o. La Primavera coronada de rosas; el est�o de espigas; el oto�o de p�mpanos; y el invierno de secos y erizados cambrones; En medio de esta sala pend�a una romana grande, y a su lado un peque�o peso. Con aquella se pesaban los ingenios por libras y arrobas, y con �ste los juicios por adarmes y escr�pulos.
Miremos en donde miremos nos avala una ideolog�a sofisticada y muy antigua, una doctrina due�a del pensar del colectivo intelectual del barroco europeo.
El instinto o la inconsciencia es otra cosa.
La proximidad y confidencia que no falte; Diego de Saavedra Fajardo comenta tambi�n:
������� (...) estaba retratando al rey Felipe IV Diego Vel�zquez, con tan airoso movimiento y tal expresi�n de lo majestuoso y augusto de su rostro, que en m� se turbo el respeto, y le inclin� la rodilla y los ojos.
Sigamos.
�������
Hemos estudiado e
interpretado el trabajo de la perspectiva del gran maestro, pintor y arquitecto,
Vel�zquez; y hemos entendido finalmente su planteamiento geom�trico.
El poderoso mensaje emocional del punto de fuga, localizado debajo del brazo levantado del Aposentador Jos� Nieto, produce una sensaci�n intensa y penetrante.
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La profundidad acompa�ada de los oscuros y claros, las sombras y el color, enfatizan la sensaci�n distante.
En definitiva, la perspectiva de Las Meninas es producto de una mente de rigorosa y perfecta correcci�n matem�tica; aunque halla que asumir tambi�n, y por otro lado, la concreta orientaci�n solar de la escena familiar que el pintor emplaza en la Habitaci�n del Pr�ncipe del antiguo Alc�zar de Madrid.
Vel�zquez, y de acuerdo al ceremonioso ritual de la Kabala Pr�ctica o magia operativa, dispuso:
La pared del fondo, donde se sit�a el Espejo; es el Este.
Las ventanas y los cuadros de la pared de la derecha; se sit�an al Sur.
El Gran Bastidor a nuestra izquierda; reposa en el Norte.
El espectador del cuadro; observa desde el Oeste.
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La constancia, compa�era del esfuerzo, ha velado nuestra sensatez en el estudio de las apariencias formales de esta pintura.
La labor de relacionar diferentes detalles esc�nicos, y situarlos dentro de una marcada y exclusiva tendencia ideol�gica, es indicio de una renovada etapa velazque�a.
Gridley Mckim-Smith [8] apunta, muy acertadamente, de la existencia de dos c�digos europeos contradictorios en Las Meninas:
������� ������� ������� (...), uno del norte, de los pa�ses Bajos, y otro del sur, de Italia, y m�s, al menos, un c�digo hispano musulm�n adicional, que hace mucho m�s dif�cil desenmascarar los convencionalismos y hacerlos visibles.
Estamos a�n m�s de acuerdo con Mckim-Smith cuando puntualiza:
������� ������� ������� La extraordinaria sofisticaci�n de los cuadros de Vel�zquez depende de una serie de reconocimientos subliminales y un conjunto de arcanos igualmente imperceptibles a nivel consciente.
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Coordenada del punto de fuga: X = [18 , -12] |
A finales del siglo XX la investigaci�n, en general, sobre el pintor espa�ol no hab�a resuelto, y quiz�s es lo m�s importante, el apego de este artista a una de las m�s preciadas herencias culturales de la pen�nsula Ib�rica:
La Kabala.
Durante un siglo entero eminencias de las ciencias, letras y artes fueron invitadas a definir un mensaje disimulado en capas secas de �leo y barniz.
Ahora, entendemos que se investig� con sana ambici�n en el cuadro de Las Meninas, pero estos estudios no aportaron, entonces, los frutos y resultados esperados, y, sin embargo, s� suficiente suspicacia para seguir dudando.
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El ratio de la ampliaci�n de formato de la pared del fondo para el an�lisis de la perspectiva ser�a el siguiente: 256 / 72 = 211,2 / 59,4 = 32 / 9 = 3,555555555 |
������� Y lleg� una generaci�n m�s prevenida, y otro punto de vista sin el prejuicio racionalista de las �pocas anteriores, que reconoci� en la pintura una de las formas m�s practicables de grabaci�n del conocimiento intemporal del hombre, por tanto, el medio sutil y adecuado para conocer el pasado, y se atrevi� a comunicarse con lo m�s b�sico; el alma de la obra.
All� estaba esperando ser descifrado un lenguaje sofisticado y de pulso fuerte encerrado en el Vaso Sagrado:
������� Una gran ense�anza en el largo camino de la b�squeda del Santo Grial.
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Intervalo |
1 |
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2 |
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3 |
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4 |
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5 |
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Anchura en unidades |
2,75 |
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3,5 |
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5 |
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8 |
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14 |
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Anchura en pulgadas castellanas |
2 pulgadas y 4/9 |
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3 pulgadas y 1/9 |
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4 pulgadas y 4/9 |
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7 pulgadas y 7/9 |
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12 pulgadas y 4/9 |
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Incremento |
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+ 0,75 |
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+ 1,5 |
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+ 3 |
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+ 6 |
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Serie geom�trica |
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0,75 X 20 |
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0,75 X 21 |
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0,75 X 22 |
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0,75 X 23 |
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Letra Final |
Kaf
k |
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Men
m
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Nun
n
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Peh
p |
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Tzadi
s
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������� El espacio de profundidad escalonada de los cinco planos
verticales de las pinturas situadas en la pared derecha de
Las Meninas los hemos resuelto de una manera cient�fica.
La diagonal de control, trazada con una inclinaci�n de 135�, permite hablar de precisi�n.
Un �ngulo de 135� es equivalente a una apertura de - 45�, es decir; hablamos de una diagonal de control de un perfecto cuadrado [9].
�������
La frase pronunciada por R. Sim�n,
en nombre de R. Yehos�a para reforzar la ense�anza de la Torah, ennoblece este �rea derecha del lienzo
de manera peculiar, y a�adir�a un algo m�s por lo sencillo y
breve del comentario
[10]:
Mansapak es una ense�anza de Mois�s desde el Sina�.
Mansapak es una palabra mnemot�cnica que contiene las cinco letras de doble escritura, seg�n vayan en posici�n final de palabra o no: m, n, s, p, k.
A�adi� R. Yirmeyah en nombre de R. Jiyya bar Abba: ... Sucedi� que cierto d�a tormentoso que los sabios no entraron en la Academia. All� hab�a algunos muchachos que dec�an: �Venga, apliqu�monos a las letras que establecieron los Videntes!, �Qu� sentido tiene que se escriban de doble forma; m, n, s, p, k, si no es porque la Torah fue transmitida; de dicho en dicho, de fiel en fiel, de justo en justo, de boca a boca, de palma en palma?
La importancia de estos dos �ltimos renglones radica en que la letra inicial de cada una de estas palabras se corresponde con cada una de la cinco letras de doble escritura, o letras finales, en cuesti�n.
Y, puede ser, que en Las Meninas queden evocadas estas cinco letras hebreas menores por los caracteres desiguales de estos cinco modelos velazque�os retratados debajo de las ventanas:
La guardadamas: Marcela de Ulloa - dicho.
El guardadamas: An�nimo - justo.
La bufona: Marib�rbola - boca.
El buf�n: Nicol�s Pertusato - palma.
El perro - fiel.
Estas designaciones no son s�lo una curiosidad del aprendizaje cabalista, dar�amos un paso adelante si fuera posible entenderse esta ins�lita conveniencia simb�lica en el lienzo de Vel�zquez.
De acorde a Antonio Palomino tenemos en este lado de la derecha del cuadro los siguientes personajes:
Marib�rbola es la imponente enana que vemos a la derecha. Entr� en Palacio en 1651, a�o en que naci� la Infanta y la acompa�aba siempre en su s�quito.
Nicolasito Pertusato, italiano, est� a su lado, y hostiga con su pie a un mast�n pintado en primer t�rmino con aire tranquilo. Este buf�n lleg� a ser ayuda de c�mara en Palacio.
Do�a Marcela de Ulloa est� detr�s de la menina Isabel de Velasco. Va adornada con tocas de viuda. Era la due�a, o guarda menor de damas, y antes hab�a servido a la condesa de Olivares. El personaje que est� a su lado, medio en penumbra, es un guardadamas, pero no lo menciona Palomino en la descripci�n de Las Meninas, aunque los estudios recientes aseguran que se trata de don Diego Ruiz Azcona.
������� Es el momento oportuno ahora para dirigir nuestra mirada al pie izquierdo del buf�n Nicol�s Pertusato.
El zapato del buf�n lleva pintado un lazo rojo muy significativo, se trata de la letra hebrea n�mero 90 llamada Tzadi.
Un signo o marca, visible y convencional, de un sistema de comunicaci�n relacionado con el lenguaje hablado humano.
Como hemos visto anteriormente es una de las doce letras simples del alefato hebraico.
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y le at� una Corona. combin� una con otra y form� con ellas Acuario en el Universo, Shevat en el a�o, y el pie derecho en el Alma, masculino y femenino.
Sefer Yetzirah Cap�tulo 5:10.
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������� La sofisticaci�n del espacio transformado en letras es la base del m�todo del libro cabal�stico llamado Sefer Yetzirah [11].
Una ense�anza gramatical muy peculiar y refinada dirigida al iniciado en tres niveles; con texto, n�mero y comunicaci�n, y que da acceso a cuestiones diferentes:
a una t�cnica de meditaci�n,
a un m�todo para influir en el espacio f�sico,
una llave para entrar en el mundo espiritual,
y un medio para elaborar un magn�fico Golem.
Quien se sienta preparado que no vacile, la debilitad se entiende como indecisi�n.
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�
1- Anatom�a de Las Meninas; realidad, ciencia y arquitectura. Bolet�n del Museo del Prado. Septiembre-Diciembre 1986.
2 - Foucault, Michel, Las palabras y las cosas. Siglo XXI editores. M�xico, 1999. pp. 13-25. Edici�n en franc�s, Par�s, Editions Gallimard, 1966.
3 - A la novena Sefira le corresponde Yesod, el Fundamento, y la palabra Yesod se inicia por la letra Yod, de valor 10.
Lo que observamos en la ilustraci�n de Mois�s Cordovero es la sustituci�n de la inicial de la palabra Yesod por la letra n� 90, Tzadi.
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La letra Tzadi |
El motivo de este inesperado dise�o lo debemos encontrar en el siguiente hecho num�rico:
Si a Yesod le corresponde todas la caracter�sticas basadas en el n�mero 9, entonces lo que Cordovero nos quiere revelar aqu� son las 10 cuestiones eminentes, o 10 Sefirot, de las que est� formado el �rbol Sagrado.
Yesod x 10 = Tzadi = 90; siendo 9 el valor de Yesod y de 10 el de la letra Yod.
Anal�ticamente, Vel�zquez tambi�n deja la huella en tan digno lugar; en esta Sefira, centro del Espejo, el pintor marca las coordenadas: (0,-9).
4 - La fase del misticismo jud�o designada convencionalmente como Kabala medieval comienza con el Sefer ha-Bahir, escrito hacia el a�o 1180, y acaba con el Zohar, escrito entre el a�o 1270-1300.
Las m�s importantes figuras que encabezan este parnaso de sabios podr�a estar representado, cronol�gicamente, de la siguiente manera:
A. Kabala medieval
1. Periodo Formativo
a / Sefer ha-Bahir (1180)
b / Provenza (ca. 1200)
I - Isaac el Ciego (d. 1235)
II - La Escuela Iyyun - principio y mediados del 1200.
c / Gerona (ca. 1200-1250)
I - Ezra ben Salom�n
II - Azriel
III - Najmanides
IV - Jacob ben Sheshet
V - Sefer ha-Temunah
VI - Sefer ha-Yashar
d / Castilla (actividad 1260 - 80)
I - R. Jacob ha-Cohen
II - R Isaac ha-Cohen
2. Periodo de desarrollo
a / Abraham Abulafia (1240 - 1292)
b / Joseph Gikatilla (1248-1325)
c / Isaac de Acre, o Acco (1250 - 1340)
d / Mois�s de Le�n (1240 - 1305)
Hemos presentado, con pleno conocimiento de causa, un resumen del desarrollo de la Kabala medieval.
En el terreno de la Kabala moderna, en el siglo XVI, es de primera importancia la actividad de los m�sticos y cabalistas de Safed; como Hayim Vital, Mois�s Cordovero, Salom�n ha-Lev� Alkabetz y otros, de los que no podemos omitir a Isaac Luria de Safed, 1534-1572, y a Nat�n de Gaza.
Estas poderosas personalidades constituyen, en verdad, ejemplos asombrosos de creaciones m�stico mesi�nicas que sirvieron como preludio al movimiento sabetaico.
Como hemos ya apuntado, una de las figuras m�s destacadas de Safed fue Mois�s Cordovero, 1522-1570, sabemos que nace en tierras espa�olas, es por tanto de origen hispano, y es, en definitiva, el gran innovador de la Kabala.
Sus maestros son Rab� Alkabetz y el gran Yoseph Qaro.
Cordovero ingresar� en la sociedad secreta conocida con el nombre de Los Compa�eros en la que llegar� a superar carism�ticamente a su propio maestro Rab� Alkabetz.
Sus obras m�s destacadas son: Pardes rimmonim, Huerto de granados, 1549; Elimah Rabbati, 1559; Una Luz suave, La palmera de D�bora, El Libro del Retiro.
Pardes rimmonim puede leerse en lat�n en la Kabbalah Denudata de Knorr von Rosenroth, intitulada Tractatus de Animo, ex libro Pardes Rimmonim.
Cordovero, en su comentario al Zohar, trat� de construir un sistema cabal�stico especulativo, armonizando tendencias anteriores muy distintas, uniendo el concepto de Dios trascendente con el de Dios dadivoso.
Este cabalista ense�aba que la luz que emana del Creador se difunde a trav�s de las emanaciones divinas, Sefirot, que son frutos de Su voluntad, es decir; la caracter�stica principal de Cordovero es su notable adhesi�n a la parte estrictamente metaf�sica de la Kabala.
De las nuevas doctrinas de Cordovero tambi�n se origina la l�nea de la Kabala �tica que se popularizar� en los siglos siguientes. Uno de sus disc�pulos m�s destacados es Isaac Luria, 1534-1572, cuya doctrina de la salvaci�n lleg� a imponerse en lo sucesivo en medio de la comunidad de creyentes, y no s�lo cabalistas.
5 - Ya en el siglo XIII, Najmanides de Girona lo denomina el libro de Rab� Nehunia.
El Sefer ha-Bahir o Libro de la Claridad es uno de los textos esenciales de la literatura cabal�stica. Este peque�o gran libro se presenta como un midrash, o sea como un comentario del texto sagrado. Sin embargo, una de sus caracter�sticas es su frecuente descontextualizaci�n de los pasajes b�blicos en un empe�o de profundizar en el secreto de los mismos, trascendiendo la l�gica y el sentido literal e hist�rico.
El Libro de la Claridad - Sefer ha-Bahir. Ediciones Obelisco.1992. Traducci�n Mario Satz.
6 - El mundo fue creado con la letra Bet, la primera letra de la Torah.
De ah� la manera de c�mo el cabalista, con la ayuda de las doce letras simples hebreas, acota su espacio de trabajo.
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El movimiento ordenado de los tres trazos de la letra Bet, sobre cuatro de las seis caras del paralelogramo que encierran a Las Meninas, sigue, a su vez, un orden concreto de escritura y lectura de acuerdo a los cuatro puntos cardinales.
No pretendemos dominar ideas m�s all� del espacio y el tiempo, sino, como recomienda la Kabala, poner l�mites f�sicos a la ceremonia que se celebra dentro de una de las estancias del Palacio Real, concretamente: En la Habitaci�n del Pr�ncipe.
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7 - Diego de Saavedra Fajardo, 1584-1648, autor de Rep�blica Literaria, publicada en el a�o 1655, versi�n, introducci�n y notas de Vicente Garc�a de Diego, Madrid, Espasa-Calpe. Cl�sicos Castellanos, 1956.
Se estima que la fecha de composici�n se remonta a 1612, aunque la primera edici�n seguramente, como hemos se�alado, se public� ocho a�os despu�s de la muerte de su autor.
Escritor y pol�tico espa�ol. Caballero de la orden de Santiago, fue secretario particular del cardenal Gaspar Borja, 1606, y embajador de Espa�a en los Estados Pontificios, y asisti� a los c�nclaves que eligieron a Gregorio XV, 1621, y Urbano VIII, 1623. Posteriormente fue embajador en Roma, 1631, en Alemania, 1632, y en Ratisbona, 1636, y representante de Espa�a en las conferencias de M�nster 1643. Con visi�n realista, en sus obras propugn� una reorganizaci�n econ�mica y el abandono de la idea imperial que Espa�a intentaba imponer a Europa. Al analizar la situaci�n econ�mica, indic� con acierto la pobreza agr�cola y comercial del pa�s y centr� las causas en la creciente desproporci�n entre artesanos y labradores, de un lado, y entre eclesi�sticos y letrados, de otro. Expuso como soluci�n limitar el n�mero de eclesi�sticos y de conventos y fomentar la agricultura y la producci�n mediante mano de obra extranjera.
Entre sus obras, cabe destacar Introducci�n a la pol�tica y raz�n de Estado del rey cat�lico don Fernando, Empresas pol�ticas o Idea de un pr�ncipe pol�tico cristiano representada en cien empresas, 1640, dedicada al desdichado Infante Baltasar Carlos, hijo del rey Felipe IV, y Corona g�tica, castellana y austriaca, 1648.
La relaci�n de este Caballero, de la orden de Santiago, con la orden Rosa Cruz no est� documentada, pero s� encontramos un paralelismo muy encontrado con la historia de Christian Rosenkreuz en el libro de Valent�n Andreae, 1586 - 1654, escrito en 1603, y editado en 1616, titulado: Las Bodas qu�micas de Christian Rosenkreuz.
Diego de Saavedra Fajardo ten�a entonces 32 a�os, cuando este manual y gu�a de ense�anza de individualidad espiritual es posible, por primera vez, leerse.
Tanto la Rep�blica Literaria, de Fajardo, como Las Bodas qu�micas de Christian Rosenkreuz, de Valent�n Andreae, est�n escritas desde la perspectiva del mundo de los sue�os. El espa�ol escribe una s�tira muy imaginativa, y el otro autor mencionado relata un manifiesto o movimiento espiritual que no ha cesado, desde el siglo XVII, de inspirar a la fraternidad de Rosae Crusis.
Johann Valent�n Andreae - Las Bodas qu�micas de Christian Rosenkreuz - Estudio y comentarios de Rudolf Steiner - Edicomunicaci�n. S. A. - 1991.
T�tulo del original alem�n: Die Chymische Hochzeit des Christian Rosenkreuz anno 1459.
8 - Ciencia e Historia del Arte - Vel�zquez en el Prado.
Gridley Mckim-Smith - BRYN MAWR COLLEGE PENSILVANIA.
Richard Newman - MUSEUM OF FINE ARTS DE BOSTON.
Museo del Prado 1993.
9 - Desde Brunelleschi, momento inicial de la representaci�n cient�fica del espacio de tres dimensiones, hasta Las Meninas, la ciencia de la perspectiva evolucion� hacia nuevos derroteros en la representaci�n literal de la luz en las distancias.
El sistema ideal de proporci�n renacentista que aportaba Italia se asimil� al progreso hist�rico de la pintura, y m�s tarde, para influir decisivamente en el gusto particular de cada escuela europea.
La perspectiva lineal barroca que hemos analizado, y planteado matem�ticamente por primera vez en el estudio de Las Meninas, s� es un nuevo descubrimiento en el mar de interpretaciones �pticas de este lado derecho del lienzo del pintor Vel�zquez.
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No es tan importante, aunque lo parezca, la gran cantidad de l�neas diagonales que aporta los marcos de los cuadros de esta pared derecha.
Estos grandes cuadros laterales est�n dispuestos en esta pared derecha de manera natural, algunos cuelgan m�s altos y otros est�n algo ladeados.
No estamos contemplando una fila en ristra de lienzos perfectamente situados, sino la ubicaci�n de unas pinturas sobre una r�gida pared que los somete a su amplitud en perspectiva.
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Intervalo |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
||||
| Anchura en unidades | 1,125 |
1,425 |
2,025 |
3,225 |
5,625 |
||||
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Anchura en pulgadas castellanas |
1 pulgada |
1 pulgada y 4/15 |
1 pulgadas y 12/15 |
2 pulgadas y 13/15 |
5 pulgadas |
||||
|
Incremento |
0,3 |
0,6 |
1,2 |
2,4 |
|||||
| Serie geom�trica |
0,3 X 20 |
0,3 X 21 |
0,3 X 22 |
0,3 X 23 |
|
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Aqu� la cuesti�n m�s importante ha sido redescubrir un espacio a�reo y diagonal, traducido en cinco planos visuales degradados matem�ticamente y definidos por un �nico punto de fuga, el punto X, ya que entendemos que recuperamos del olvido una propuesta del manual velazque�o.
En el punto X se sit�a la coordenada m�s importante elegida por Vel�zquez al tratar el espacio que representa.
Relacionamos lo dicho anteriormente con lo que leemos en la p�gina 61 del libro:
La Perspectiva como forma simb�lica. Tusquets Editores. Barcelona - 3� edici�n 1980. Erwin Panofsky.
(...) suponiendo una buena distribuci�n de luz y sombra, producir� sin duda la impresi�n de realidad y no creer�s que son cosas pintadas. Por otro lado, no intentes representar una cosa sin tener en cuenta que la distancia tiene que ser al menos veinte veces mayor que la altura o que la mayor dimensi�n del objeto a representar. Ver�s, entonces, c�mo tu obra satisfar� a cualquier observador, sea cual sea el lugar desde donde la contemple.
Leonardo da Vinci
Cierto es que no hemos hallado ning�n estudio perspectivesco que se le pareciera, sin embargo, el dibujo que planteamos de Las Meninas de su lado derecho es el resultado de un calculado proceso de investigaci�n matem�tico.
10 - P�gina 62, p�rrafo 11, G�nesis [1 - 1]. G�nesis Rabbah I - [G�nesis 1 - 11]. Comentario midr�sico al libro del G�nesis. Editorial Verbo Divino - 1994. Luis Vegas Montaner. Facultad de Filolog�a. Universidad Complutense de Madrid.
11 - En uno de los textos m�sticos m�s antiguo del juda�smo, el Sefer Yetzirah, se describe el proceso cosmog�nico mediante la combinaci�n de letras hebreas, que equivalen a los ladrillos de los que se sirve el Arquitecto Divino para la construcci�n de su mundo.
12 - Antonio Palomino de Castro y Velasco, 1653 - 1726, alumno de Vald�s Leal y de Juan Alfaro, fue nombrado en 1668 pintor del rey. Su contacto con Lucas Jord�n, Carre�o y Claudio Coello transform� su estilo.
Palomino es autor del MUSEO PICT�RICO Y ESCALA �PTICA. Esta obra est� dividida en tres partes: Theorica de la pintura, Pr�ctica de la pintura y el parnaso espa�ol pintoresco y laureado.
El grabado que proponemos se halla en la p�gina 498 de la edici�n Aguilar, S. A. de Ediciones, 1947, 1988 - Tomo I - El Museo pict�rico y escala �ptica - Theorica de la pintura.
Este te�rico define singularmente la perspectiva:
en que es menester advertir, que para saber perspectiva te�rica, no es necesario saber dibujar, ni saber la Arquitectura; pues algunos, neciamente, piensan, que la Perspectiva no es otra cosa, sino la Arquitectura, puesta en perspectiva; y eso es tomar la parte por el todo; pues la Perspectiva es nombre gen�rico, que comprende la delineaci�n de todo linaje de objetos, que puedan representarse en una superficie; lo cual se ver� calificado en los cap�tulos siguientes, donde las l�neas substituyen las figuras; sean �stas de la especie que fueren.
Respecto al Teorema Once, Palomino propone una serie de aplicaciones:
Esta proporci�n nos da fundamento, para la pr�ctica de la degradaci�n de los cuadrados, o losas de alg�n pavimento, y de cualquier planta, o superficie, por la diagonal, que es la segunda regla del Vignola, invenci�n suya como lo testifica Fray Ignacio Dante: y es la m�s �til, f�cil y c�moda para las operaciones de la Pintura.
Y tambi�n nos califica, que basta un punto de la distancia, como lo es aqu� el punto C: pues dado un punto, que es donde la diagonal corta la concurrente principal, basta para tirar la paralela; siendo el punto B, el punto principal de tocamiento, que hace en la secci�n el radio c�ntrico, o eje de la pir�mide visual; y es el t�rmino de las concurrentes principales.
Tambi�n es util�sima para la pr�ctica de los teatros, o escenas c�micas, levantando sus perpendiculares a las l�neas transversales X 5, J 6, V 7, &c, en las extremidades 5, 6, 7, que sean paralelas a el lado F 1; por cuyo medio se hallar� la justa situaci�n, y degradaci�n de los bastidores 5 2, 6 3, 7 4, &c.
Precisamos que hablamos del an�lisis de la perspectiva de los espacios de la pared derecha de Las Meninas, y nuestra deducci�n, aunque no muy alejada del mundo pr�ctico y te�rico de Palomino, plantea otro tipo de problema perpectivesco.
El Teorema de Diego Vel�zquez sobre la perspectiva en su obra maestra se canaliza singularmente, y depende de su principal diagonal, la que discurre desde el punto de fuga, o altura del alzado, hasta el v�rtice inferior derecho de la pared del fondo, o planta, trazada en �ngulo de 135�.
Para finalizar nuestro comentario leemos en la p�gina 68 del libro:
El Renacimiento - Formaci�n y crisis del modelo cl�sico. Ediciones Istmo - 1980. V�ctor Nieto Alcaide y Fernando Checa Cremades. Facultad de Filolog�a. Universidad Complutense de Madrid.
Como se�ala Panofsky, seg�n el sistema de perspectiva desarrollado por los pintores italianos, (...) de todo el sistema s�lo necesito dibujar la planta y el alzado para determinar la figura que aparece sobre la superficie de intersecci�n. La planta me proporciona los valores de la anchura, el alzado los valores de la altura, (...)
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