En la antig�edad cl�sica, y especialmente en Grecia, el �GORA, era la plaza p�blica en la que los hombres se reun�an para discutir sobre asuntos relevantes para la comunidad. Aqu�, los ciudadanos viv�an y ejerc�an la libertad expresando sus creencias e ideales, siempre en pro del bien com�n. Esta primitiva funci�n evolucionar� y el �GORA se convertir� en el centro de la vida p�blica, as� pasar� de ser el lugar de reuni�n y, sin perder esta, ser centro de comercio, de relaci�n entre las personas, lo cual har� que el recinto vaya creciendo. Llegar� a tener tanta importancia que ninguna polis se comprende sin �GORA. El �GORA griega ser� sustituida por el foro romano, y as� sucesivamente, en las distintas culturas existir� ese lugar de reuni�n.
Pero, a fin de cuentas, lo que nos importa es ese sentido original del �GORA, como el lugar de reuni�n en el que todos pod�an expresar libremente sus pensamientos. Por desgracia, el sentido primigenio de las palabras se est� perdiendo en unos casos, y en otros se est� tergiversando.
As�, conceptos tan familiares para nosotros como libertad, caridad o amor, los hemos desvirtuado; cuanto m�s aquellos que no son de uso com�n.
Nuestra �GORA, debe ser el lugar en el que todos podamos expresarnos libremente, sin ning�n doblez, llamando las cosas por su nombre. De este modo, pasaremos de ser figurantes de la sociedad, a ser protagonistas. A fin de cuentas, lo que se pretende es ejercer la complementariedad desde la propia identidad, en pro del bien com�n. De lo contrario ser�amos marionetas de trapo que cualquiera puede manejar los hijos a su antojo. Para ello, como antes dec�a, hay que partir del sentido primigenio de los conceptos, buscando la esencia que en ellos se encierra para hacer descubrir a los dem�s su belleza y significado. Si logramos que esto sea as�, empezaremos dando valor a las cosas no por lo que valen, sino por lo que significan. Para luego, contribuir a la construcci�n de todo aquello que m�s nos importa, desde la familia, los amigos..., y porque no, tambi�n de la sociedad, del pueblo. Resumiendo, el �GORA que queremos construir es aquella que acoge a todos, para que todos, ejerciendo nuestra libertad y corresponsabilidad, podamos contribuir en la mejora de todo aquello que nos afecta m�s directamente, en beneficio del bien com�n. Redescubriendo lo m�s profundo de los conceptos.
Si el �GORA, de la antigua Grecia, fue el lugar de reuni�n donde se intentaba dar soluci�n a los problemas que m�s les preocupaba; el �GORA, del V�lez Blanco del s. XXI, ha de ser el recinto en el que todos podamos contribuir, a la mejora, progreso y edificaci�n de aquello que m�s nos afecta, intentando dar soluci�n a los problemas que hoy nos plantea la sociedad, y m�s inconcreto nuestra localidad. Nuestra �GORA ha de ser el lugar de las libertades, trampol�n desde el que lanzarnos al futuro con esperanza, mirando el pasado agradecidamente desde un presente real.
L�zaro F� Mart�nez G�zquez
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