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Arag�n

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/06/2011

Los 47.999,9 kil�metros cuadrados del actual territorio aragon�s constituyen una regi�n humana formada por parte de tres unidades naturales, integradas por la historia en un destino com�n. Estas tres unidades son los sectores centrales de los Pirineos Buscar voz..., al Norte, de la Cordillera Ib�rica Buscar voz..., al Sur, unidos por la Depresi�n del Ebro Buscar voz.... Precisamente la red hidrogr�fica del Ebro con sus numerosos tent�culos indentados en los Pirineos y el Sistema Ib�rico, ha sido uno de los elementos que ha facilitado la unidad de las tierras aragonesas. Los afluentes del �padre Ebro� abren en dichas cordilleras numerosos corredores naturales, a la par que fecundan con sus aguas amplias extensiones de tierras.

El medio f�sico aragon�s se muestra muy contrastado: desde las altas cumbres del Pirineo al curso del r�o Ebro hay m�s de 3.000 metros de diferencia altitudinal; el clima mediterr�neo-continentalizado de la Tierra Llana Central, �rido y ventoso, adquiere caracteres de monta�a �con temperaturas m�s bajas, precipitaciones m�s abundantes e innivaci�n m�s frecuente� al adentrarnos en la Cordillera Ib�rica y, sobre todo, en los Pirineos; la vegetaci�n rala y esteparia de la Depresi�n Central se enriquece en variedades, se hace m�s arb�rea y frondosa en los sistemas montosos.

Este cuadro natural contrastado ha condicionado los modos de vida, las actividades econ�micas y hasta el modo de ser de la poblaci�n aragonesa. �Qu� distintos son los monta�eses y los hombres de la Ribera! Sobre las amplias tierras llanas de la Depresi�n Central han prevalecido las actividades agr�colas, aun contando con un cierto complemento pecuario. El Pirineo y el Sistema Ib�rico, con sus bosques y pastizales, han mantenido unas actividades esencialmente forestales y pastoriles. Las peque�as poblaciones urbanas �escasas en relaci�n con las rurales� de Zaragoza, Huesca, Teruel, Calatayud, Barbastro, Jaca y Alca�iz contaban con un cierto desarrollo comercial y artesanal, pero el peso de lo agr�cola y ganadero en Arag�n era indiscutible en el pasado.

En las �ltimas d�cadas el esquema tradicional se ha roto. Arag�n ha dejado de ser una regi�n esencialmente agropecuaria. La estructura econ�mica se ha modificado sustantivanente. El incremento de la poblaci�n urbana, alimentado por la inmigraci�n, se ha traducido en un mayor peso de las actividades industriales y de servicios, hasta el punto de que casi la mitad de la renta aragonesa procede de los servicios y m�s de un tercio de la industria. El gran problema de Arag�n es de orden demogr�fico Buscar voz...: es la regi�n menos densamente poblada de Espa�a, con 24,7 hab. por Km.2. En 1998 contaba con 1.183.234 hab., lo que supone poco m�s del 2,98% de la poblaci�n espa�ola, cuando el territorio aragon�s representa un 9,4% del territorio espa�ol. Arag�n es, en la actualidad, un gran desierto demogr�fico con algunos �oasis� poblacionales, entre los que destaca de forma desorbitada Zaragoza, que cuenta con casi la mitad de su poblaci�n.

Econom�a

Los intentos industrializadores prendieron demasiado tarde en la regi�n aragonesa, y aunque exist�a una cierta tradici�n artesanal en algunos sectores, como el textil, ser� la transformaci�n de primeras materias de origen agrario lo que permitir� dar los primeros pasos importantes en el proceso industrializador Buscar voz..., inicialmente a trav�s de las harineras Buscar voz... y despu�s con la industria azucarera Buscar voz..., que aprovecha las posibilidades de sustituir las importanciones de az�car que llegaban de las colonias antes de 1898. A partir de este a�o, el desarrollo de este sector en Arag�n impulsa la fabricaci�n de fertilizantes de los talleres metal�rgicos que constru�an y reparaban maquinaria para las azucareras, y de la miner�a del carb�n de las cuencas turolenses, a la vez que surg�an las primeras empresas de producci�n el�ctrica y f�bricas de material m�vil y de maquinaria de precisi�n. La I Guerra Mundial Buscar voz... produce efectos muy desiguales sobre la econom�a aragonesa, al favorecer s�lo a unos sectores, mientras que otros se vieron claramente perjudicados.

En la d�cada de los a�os 20 se produce una cierta descentralizaci�n de la industria regional �muy concentrada hasta entonces en Zaragoza Buscar voz...� al desarrollarse n�cleos como Sabi��nigo Buscar voz... y Monz�n Buscar voz..., en los que se combina la presencia de capital extranjero y la proximidad a las fuentes de producci�n de energ�a el�ctrica de los Pirineos. Sin embargo, la paulatina desaparici�n de las industrias azucareras de la regi�n (como consecuencia de las pr�cticas monopolistas introducidas en el sector) y la p�rdida de las ventajas de localizaci�n industrial que exist�an en las comarcas pirenaicas (al unificarse las tarifas el�ctricas en 1951), favorece todav�a m�s la concentraci�n de las empresas en torno a Zaragoza, hecho que se produce no s�lo como consecuencia del funcionamiento t�pico del sistema capitalista, sino tambi�n por la actuaci�n de la propia Administraci�n, que, en 1964 localiza en este n�cleo un Polo de Desarrollo Industrial; medida que, por otra parte, se revel� como poco eficaz, al igual que las que posteriormente han intentado potenciar la industrializaci�n de las cabeceras de comarca.

El producto Interior Bruto nacional alcanz� en 1997 los 79.396.859 millones de pesetas, de los que 2.582.751 millones de pesetas corresponden a Arag�n, lo que se traduce en un 3,25% del total de la riqueza generada en el conjunto del Estado. Si se analiza la variaci�n del P.I.B. en t�rminos reales, observaremos que Arag�n ha tenido una tasa real de crecimiento econ�mico de un 3,8%, frente al 3,9 del conjunto del Estado.

La lectura del esquema adjunto pone de relieve una trayectoria expansiva tanto a nivel nacional como auton�mico, siendo la industria y la construcci�n, �sta en menor medida, los sectores productivos causantes de este crecimiento. Igualmente puede comprobarse c�mo la econom�a aragonesa ha crecido por debajo de la media nacional:

En 1992, de una poblaci�n de 1.183.234 habitantes en la Comunidad Aut�noma, la poblaci�n ocupada era de 450.984 (38,11%), siendo su distribuci�n por sectores la siguiente: el 10,89% pertenec�a al sector primario; el 27,52% a la industria; el 9,66% a la construcci�n; el 1,26% al sector energ�tico, y el 50,66% restante al sector servicios.

La evoluci�n de los sectores productivos marca, a fecha de 1997, un cambio de tendencia, siendo la industria y la construcci�n quienes cobran un marcado protagonismo en detrimento de la agricultura y servicios, si bien la agricultura marca en los �ltimos a�os una tasa de crecimiento positivo. Con respecto al sector industrial, se pone de relieve su peso en el desarrollo de la econom�a aragonesa, alcanzado una tasa de crecimiento de un 5,30%, superior al promedio nacional, fijado en un 5,12%:

� Sector primario. Con una extensi�n de 47.999,9 Km.2 (el 9,47% de la superficie total espa�ola) la Comunidad Aut�noma de Arag�n dispone del 8% de la tierra labrada en el conjunto del estado. La agricultura ha registrado, como ya se ha apuntado, una tasa de crecimiento positivo, m�s trascendente si cabe, si consideramos los magn�ficos resultados del a�o anterior, debido ello a unas condiciones marcadas por una buena climatolog�a y la estabilizaci�n del sector ganadero, aunque el 2,68% de crecimiento es muy inferior a la media nacional, el 4,46%. Unas explotaciones peque�as, la mala organizaci�n del sector, la falta de empuje exportador y la pr�ctica ausencia de una industria agroalimentaria en consonancia con las potencialidades existentes, m�s el envejecimiento de la poblaci�n rural est�n en la base de esta situaci�n.

En 1998 se han cultivado en toda la Comunidad un total de 1.989.011 hect�reas, siendo el 44% de la provincia de Zaragoza, el 34% de Huesca y el 22% de Teruel. El mayor crecimiento en cereales se dio con el trigo y la cebada (un 10 y casi un 9% respectivamente, con respecto al a�o anterior), si bien descendi� la producci�n de ma�z y girasol. Igualmente han sufrido una merma los productos hort�colas, de casi un 28%, as� como de los frutales, que descienden casi un 4%.

En lo concerniente a la ganader�a, 1998 tambi�n ha deparado resultados negativos, siendo la producci�n final ganadera de 132.113 millones de pesetas, es decir, un 9% menos que el a�o anterior, a lo que no es ajena la crisis del sector porcino (peste porcina�), si bien los ternascos con denominaci�n experimentaron un crecimiento pr�ximo al 20%, y el ganado bovino un incremento del 35% en su producci�n con respecto al a�o anterior.

La renta agraria aragonesa, en 1998, alcanz� los 133.697 millones de pesetas, una disminuci�n en pesetas corrientes del 1,75% y del 3,5% en pesetas constantes, con respecto a 1997:

Situada casi en su totalidad en el valle del Ebro (salvo una parte de la provincia de Teruel), la regi�n aragonesa dispone de la posibilidad de utilizar agua abundante a partir de su importante red fluvial. El aprovechamiento de estos recursos ha permitido ir incrementando las zonas de regad�o con obras de la importancia del Canal Imperial de Arag�n Buscar voz..., cuyas aguas llegaron a Zaragoza en 1784, o el Plan de Riegos del Alto Arag�n Buscar voz..., que nace en 1913. Aunque la puesta en pr�ctica del Plan fue acelerada a partir de la constituci�n de la Confederaci�n Hidrogr�fica del Ebro Buscar voz..., ha habido numerosos retrasos, y a pesar de que se proyect� para ser ejecutado a lo largo de cuarenta a�os, sigue inacabado.

� Sector secundario. El proceso industrializador, dirigido inicialmente en Arag�n por una burgues�a regional din�mica y emprendedora, evolucion� posteriormente a medida que se articulaba el mercado nacional y pasaban a competir las industrias de origen regional con otras mucho m�s potentes y que en muchos casos las han desplazado o absorbido, siendo consecuencia de este proceso la desposesi�n industrial a manos del capital monopolista. Por ello, la mayor parte de las grandes empresas localizadas en Arag�n dependen de grupos bancarios o de capital extranjero.

A fecha de 1998, el sector industrial aragon�s sigue la pauta de ese ciclo expansivo que, a nivel nacional, se inici� en el tercer trimestre de 1993, y en el que la aportaci�n industrial cobra un gran protagonismo a la hora de explicar las altas tasas de crecimiento. En este a�o, el crecimiento industrial en Arag�n ser�a de un 5,6%, para HISPALINK, de un 6,9% para CAP-AFI o de un 6,32% seg�n FUNCAS.

En el entramado aragon�s est�n funcionando de manera directa 8.482 empresas que, b�sicamente, tienen una actividad industrial (el 3,5% del total de Espa�a). M�s de la tercera parte de ellas carecen de asalariados y cerca de las cuatro quintas partes emplean a menos de diez trabajadores. Para conocer la distribuci�n de las empresas industriales seg�n su actividad y n�mero de ocupados en Espa�a y Arag�n, nada m�s ilustrativo que el cuadro adjunto:

El mayor n�mero de empresas se concentra en las actividades �metalurgia y fabricaci�n de productos met�licos� (1646), �alimentaci�n� (1279) y �textil, confecci�n, cuero y calzado� (1280), siendo las industrias de tama�o grande las que detentan el protagonismo de la industria regional (en 1997 han generado 1.303 miles de millones de pesetas, m�s de la mitad de la cifra de negocio, y del valor a�adido, 332 miles de millones de pesetas, a�n cuando solamente ocupan la tercera parte del empleo industrial, el 31,14%).

Si consideramos la tipolog�a de actividades, veremos que se sigue dando una gran diversidad, aunque con una preponderancia de aquellas actividades relacionadas con la construcci�n de material de transporte, un 37% del negocio en 1997, un 60,5% de las exportaciones al extranjero (490.000.000 millones de pts.), un 44% de las importaciones y un 17,4% del empleo industrial.

La industria Buscar voz... aragonesa comenz� 1998 con 107.010 ocupados y lo finaliz� con 108.030, es decir, la cuarta parte del empleo total en Arag�n. En este a�o se ha producido una ca�da en la tasa de crecimiento, positiva en el conjunto del a�o, pero preocupante si consideramos que en el �ltimo trimestre da unas cifras negativas, que se sit�an en un 2,3%, aunque este descenso ha sido m�s notable en los subsectores dedicados a la producci�n de bienes intermedios y energ�a.

El �ndice de Producci�n Industrial (IPI), que refleja los cambios de cantidad y calidad en la producci�n industrial, excluyendo la influencia de los precios, signific�, a nivel nacional, un crecimiento del 5,5%, siendo en nuestra Comunidad superior, al alcanzar casi un 7%.

En el caso de la construcci�n 1998 traduce una recuperaci�n de los niveles aceptables de la actividad, aunque los resultados sobre el empleo deber�an de preocupar. A�o en el que el sector se est� recuperando, al haberse producido un 2,2% de aumento del V.A.B., el crecimiento medio que se est� produciendo est� pr�ximo al 0,5%, aunque el segundo trimestre se aproxima al 4%. Sin embargo, el empleo del sector, lejos de aumentar, disminuye, habi�ndose perdido en el conjunto casi un 8% de empleos. Cabe se�alar, igualmente, que mientras que en Espa�a ha aumentado el n�mero de empresas dedicadas a la construcci�n (un 7%), en Arag�n se ha experimentado un descenso (el 0,5%), contando en la actualidad con 9.747 empresas.

� Sector servicios. En cuanto al sector servicios, viene experimentando en los �ltimos a�os un creciente nivel de actividad, si bien por debajo de la media nacional. Es, junto a la industria, el sector que registra una producci�n mayor por empleado. Dentro de los componentes del P.I.B. los servicios constituyen el sector con un comportamiento m�s estable. Representa el 58% del V.A.B. aragon�s, pero por debajo del 65% que representa a nivel estatal.

Entre los subsectores destacan el comercio, el turismo, con una tendencia creciente en el incremento de pernoctaciones hoteleras en los �ltimos a�os (un 8,2% frente al 5,2% a nivel nacional) pero, sin embargo, seguimos con d�ficit de plazas hoteleras en relaci�n, tambi�n, al conjunto nacional. Entre los subsectores con mayor potencial de futuro destacan las telecomunicaciones y los transportes; dentro de estos �ltimos, el A.V.E. Buscar voz... y la Plataforma Log�stica Buscar voz... del aeropuerto pueden estimular decisivamente el desarrollo econ�mico de Zaragoza como centro de distribuci�n de mercanc�as del cuadrante Nordeste peninsular.

� Sector financiero. En cuanto al sector financiero, la primera entidad financiera moderna en Arag�n fue la Caja de Descuentos Buscar voz..., que aparece en Zaragoza en 1845 dirigida por Juan Bruil Buscar voz... y que de la mano de este importante miembro de la burgues�a liberal aragonesa se convirti� en Banco de Zaragoza Buscar voz... en 1856. En 1874 se liquida el banco de Zaragoza y sus mismos accionistas constituyen el Banco de Cr�dito de Zaragoza. Como consecuencia del proceso de acumulaci�n de capital que acompa�a a la industrializaci�n de comienzos de siglo, en 1906 se constituye el Banco Aragon�s de Seguros y Cr�dito y en 1910 el Banco de Arag�n Buscar voz... y el Zaragozano Buscar voz.... Tras la guerra civil Buscar voz..., el proceso de concentraci�n que se lleva a cabo en el sector bancario se traduce en Arag�n en las absorciones de todas sus instituciones bancarias, a excepci�n del Banco Zaragozano.

Una de las notas caracter�sticas del sistema financiero aragon�s es la gran importancia alcanzada por las Cajas de Ahorro en la captaci�n del ahorro regional. Es en torno al Consejo de administraci�n de IberCaja Buscar voz... y de sus principales directivos donde est� situado el mayor centro de poder regional, dadas sus conexiones con diversas e importantes empresas.

� Sector exterior: El comercio exterior presenta en Arag�n datos positivos pero que, sin embargo, representan una p�rdida de peso respecto al conjunto del Estado. Las exportaciones representaban en Arag�n una cifra de 829.401 millones de pesetas en 1998, lo que supone un incremento del 2,3% respecto al a�o anterior; sin embargo, a nivel nacional dicho incremento fue del 6,7%. Por clases de bienes, la evoluci�n en los �ltimos a�os de las exportaciones e importaciones se reflejan en el cuadro adjunto:

Historia

Condado de Arag�n. Los musulmanes dominaron todas las tierras pirenaicas aunque la historiograf�a actual tiende a minimizar este hecho. Pero en Jaca Buscar voz... se encuentran el fuerte de Rapit�n y el despoblado de A�n, que se documentan por lo menos en el siglo XII; aqu�l es producto de la evoluci�n de �rabe ribat, que significa �convento militar para defensa de fronteras�; y el nombre de a�n-ah�n equivale a �fuente�. De momento es imposible datar el establecimiento de los musulmanes en Rapit�n, aunque hay que situarlo en el siglo VIII. El a�o 781-782 en esas tierras ya exist�a un grupo organizado, que actuaba bajo la direcci�n de un tal Ibn Belascut Buscar voz..., aunque el lugar exacto no se conoce de momento. Las primeras noticias fidedignas corresponden a los primeros a�os del siglo IX, en que las fuentes francas hablan de un conde Aureolo Buscar voz..., que muri� el a�o 809 cuando mandaba las tierras emplazadas frente a Huesca y Zaragoza. Poco despu�s ya aparece una dinast�a ind�gena, que encabez� el conde Aznar I Buscar voz... y persistir�a hasta principios del siglo X. El a�o 828 por vez primera se cita a Aznar como conde de Arag�n. Debe tenerse muy en cuenta que el nombre de Castilla aparece hacia el a�o 900; el de Navarra, en 1087; el de Catalu�a, en el siglo XII, seg�n documentos aut�nticos, aunque alguno sospechoso ya lo copia en la segunda mitad del siglo XI; y el �reino de Valencia�, en 1239. As�, el nombre de Arag�n es el m�s antiguamente documentado de la Espa�a oriental. El condado de Arag�n primitivo se centr� sobre el valle de Echo Buscar voz..., extendi�ndose tambi�n por los Ans� Buscar voz..., Borau Buscar voz... y Canfranc Buscar voz.... Pero por el sur no llegaba a la canal de Berd�n; y Jaca quedaba fuera del primitivo condado. Su aparici�n hay que relacionarla con el hecho de que la calzada de Bearn a Zaragoza pasaba el Pirineo por el puerto del Palo y segu�a por el valle de Echo hacia Puente la Reina de Arag�n, donde se conservan los restos de un puente romano. Los francos utilizaron la presencia de monjes, al mando de San Zacar�as, para colonizar el valle de Echo, construyendo el monasterio de San Pedro de Siresa Buscar voz..., hacia 809-814. De la misma forma construyeron los monasterios de San Mart�n de Ciellas (al sur de la faz de Bini�s) y el de San Juli�n y Basilisa de Navasal (al norte de la misma foz), con los que dominaban la entrada al valle de Ans�. De la misma forma, parece que fueron los francos los que fortificaron el castillo de Gros�n, entre Jaca y Borau, dominando toda la canal de Berd�n Buscar voz..., as� como se asentaron en Canfranc, que parece significar �campo de los francos�, como ocurre en Italia, si bien las menciones documentales son del siglo XI. La cronolog�a es muy insegura. Pero parece que hacia el a�o 900 el condado de Arag�n se hab�a extendido hasta Atar�s Buscar voz..., hacia la cuenca del r�o Aur�n, donde se levantaba el monasterio de San Mart�n de Cercito, cerca de Acumuer, y hacia la cuenca alta del r�o G�llego, dominando el valle de Tena: la posici�n aragonesa avanzada era Seneg��. Posiblemente con motivo de esta ampliaci�n territorial se reorganiz� la di�cesis de Pamplona, desgaj�ndole en 922 la di�cesis de Sasabe o Sas�u, donde comienza a citarse una nueva serie de obispos, siendo el primero Ferriolo. As� se crea la di�cesis coincidente territorialmente con el condado. El �ltimo conde de Arag�n fue Galindo II Aznar Buscar voz..., que muri� entre 922 y 925. El condado lo hered� su hija Andregoto Gal�ndez Buscar voz.... La historia de esos a�os es muy dif�cil de precisar, ya que alg�n texto se�ala que el rey Sancho Garc�s I conquist� Arag�n, aunque posiblemente se refiera a una supeditaci�n del �ltimo conde al rey pamplon�s. En cualquier caso, es evidente que se pact� el matrimonio de Andregoto Gal�ndez con el futuro rey Garc�a S�nchez I Buscar voz..., hijo y heredero de Sancho Garc�s I. Al matrimonio aport� Andregoto Gal�ndez el condado de Arag�n y parece se celebr� despu�s de 935, pero pronto se anul� dado el parentesco de los contrayentes, ya que eran primos hermanos, reconociendo los derechos del hijo de ambos, Sancho Garc�s II Buscar voz..., que a partir de 943 aparece ejerciendo determinada potestad en el condado de Arag�n, bajo la proteci�n de un baiulus. Cuando Sancho Garc�s II fue proclamado rey de Pamplona (970) se produjo definitivamente la uni�n del condado de Arag�n y el reino de Pamplona.

Formaci�n territorial de Arag�n. Hacia el a�o 800 surgen en la documentaci�n dos n�cleos pol�ticos, en dependencia con Carlomagno Buscar voz... y sus gentes: los condados de Arag�n y Ribagorza Buscar voz.... Entre ambos estaban las tierras musulmanas de la Arbitania, con la capitalidad en Bolta�a. El condado de Arag�n en el siglo IX comprend�a aproximadamente los valles de Ans�, Echo, Canfranc, Aur�n y Tena. El condado de Ribagorza se extend�a por los valles del Noguera Ribagorzana, Noguera Pallaresa, Is�bena y �sera. Los puntos extremos eran Perarr�a, Roda de Is�bena y Ar�n. En el siglo X se producen dos hechos importantes: se ocupan las tierras de Bolta�a y A�nsa en tiempos del rey Sancho Garc�s I Buscar voz... y del conde Galindo Aznar Il, y se asientan los cristianos en el macizo de la pe�a Oroel. La ocupaci�n de Bolta�a se produjo hacia el a�o 916, lo que permiti� la interrelaci�n de Arag�n y Ribagorza. El conde Galindo Aznar II entreg� como dote a su hija Toda (casada con el conde Bernardo de Ribagorza) las conquistadas tierras de Sobrarbe. El citado Sancho Garc�s I ocup� por las mismas fechas Uncastillo. Y a finales del siglo X se llegaba a dominar hasta la sierra de Santo Domingo, con unas fronteras imprecisas, que se establecieron definitivamente con el rey Sancho el Mayor Buscar voz... (1004-1035), pues fortific� Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Ag�ero, Murillo, Loarre, Nocito, Secor�n, Bolta�a, Santa Mar�a de Buil, Moncl�s y Perarr�a. En el caso de las �ltimas, ya eran cristianas desde antes. Este monarca conquist� Ribagorza, sobre la que ten�a ciertos derechos familiares. Y desde entonces nunca m�s se separar�a de Arag�n. A la muerte de Sancho el Mayor se fijaron por vez primera las fronteras entre Arag�n y Pamplona (1035), con una divisi�n que en l�neas generales ha perdurado hasta hoy, siendo aragonesas A�bar, Sos y Uncastillo; eran de Pamplona, Sang�esa y Ruesta. Antes de 1057, un vasallo del rey Ramiro I Buscar voz..., llamado Arn�u Mir de Tost, conquistaba Fet, Bellmunt, Finestres, Estopi��n y Caserres, completando m�s tarde su acci�n con la fortificaci�n de Antenza. En la misma zona el conde barcelon�s Ram�n Berenguer I el Viejo y el conde de Urgell, Ermengol III actuar�an sobre Estopi��n, Caserras, Purroy y Pilz�n, formando una peque�a posesi�n con las �ltimas, que transmitir�an a sus sucesores. El rey Ramiro I de Arag�n tambi�n actu� directamente sobre la zona, fortificando primeramente Surta y Abizanda (hacia 1055) y ocupando despu�s Benabarre (1062), Luz�s, Lascuarre, Laguarr�s y Viacamp, as� como Monta�ana. Como resultado pr�ctico de la cruzada contra Barbastro Buscar voz..., a partir de 1067 se ocup� Alqu�zar y su comarca, constituyendo un punto clave en la expansi�n cristiana hac�a el sur. Y prontamente se plante� la ocupaci�n de Graus Buscar voz..., en cuyo asedio fue herido y muerto el rey Ramiro I (8-V-1069). El fracaso ante Graus plante� de distinta manera su ocupaci�n, que se logr� en 1083, coet�neamente a la de Ayerbe y Arguedas (Navarra). Despu�s continu� en la zona del Cinca, con las ocupaciones de Estada (1087) y Monz�n (1089), que permitieron la de una zona mayor; de esa �poca parecen las de Camporells, Nach�, Baells y Baldell�u, as� como Alcampell. En las Cinco Villas se fortificaba Luna (1092) y el mismo a�o se tomaba Santa Eulalia la Mayor. Camino de L�rida se ocupaba Almenar (1093), y se planteaba la ocupaci�n de Huesca, que conquistar�a el nuevo rey Pedro I de Arag�n Buscar voz..., en noviembre de 1096, tras vencer en la batalla de Alcoraz Buscar voz.... Con Huesca se entregaron Api�s, Alcal� del Obispo, Sangarr�n, Robres, Novales, Tabernas, Banari�s y Plasencia del Monte, entre otras poblaciones. El mismo rey ocup� Barbastro (1100), as� como Azara, Azlor, Peralta de Alcofea y Sari�ena, realizando en 1101 una �cruzada� contra Zaragoza que dio como resultado la fortificaci�n de Juslibol (llamada Deus o vult, �Dios lo quiere�). Territorialmente, el reino se duplic� con la acci�n del rey Alfonso I el Batallador Buscar voz..., que primeramente ocup� Ejea (1105), Tauste (1105) y Tamarite (1107). En 1117 ya ten�a Morella (Castell�n) y se planteaba la conquista de Zaragoza, tras un asedio de varios meses (18-XII-1118). Al mismo tiempo se rindieron las tierras sitas entre Magall�n, Fr�scano, Mall�n, Cortes, por el oeste; y Alfajar�n, Belchite y Pina, por el este. Tudela (febrero de 1119), Tarazona y Borja se entregaron m�s tarde, lo que permit�a la repoblaci�n de Soria (1119). Los almor�vides Buscar voz... acudieron tard�amente a socorrer Zaragoza, siendo vencidos en la batalla de Cutanda Buscar voz..., cuyos frutos fueron la conquista de Calatayud (1120) y Daroca. De forma provisional se ocup� el Bajo Arag�n y se lleg� hasta Cella, cerca de Teruel. Pero todo se perdi� al morir Alfonso I el Batallador despu�s de la derrota de Fraga Buscar voz.... Al producirse la separaci�n de Arag�n y Navarra con la muerte de Alfonso I el Batallador, el rey Ramiro II el Monje Buscar voz... estableci� la l�nea fronteriza que ha llegado hasta nosotros, con alguna peque�a variante. As� como tambi�n se fij� (1136) con Castilla, donde hoy se encuentra. Durante el gobierno de Ram�n Berenguer IV Buscar voz... se desarroll� una conciencia aragonesista, que jug� papel importante en la ampliaci�n del reino. Se conquist� definitivamente Monz�n (1140), que se hab�a perdido; as� como Chalamera, Sari�ena y Alcolea de Cinca (1141). Luego se tom� Onti�ena (1147), Fraga, Mequinenza y L�rida (1149). Daroca recib�a como t�rmino municipal hasta los actuales l�mites con Castell�n-Valencia (1142), incluyendo algunas poblaciones castellonenses, como Mont�n, Torralba y Cirat. Poco despu�s se repoblaban Albalate del Arzobispo (1149), Huesa del Com�n, Monforte de Moyuela, H�jar y Alca�iz (1157). El rey Alfonso II Buscar voz... el Casto se extendi� por el Bajo Arag�n, principalmente, poniendo los l�mites del reino de las costas del Mediterr�neo. En 1168 ocupaba las tierras de Caspe, y las hoy tarraconenses Orta de San Juan, Gandesa y Ulldecona, as� como Valderrobres (1169). Los l�mites entre Arag�n y los condados catalanes se establecieron en el curso del r�o Ebro, donde permanecieron hasta finales del siglo XIII. Este rey tambi�n conquist� Teruel (1169), que repobl� m�s tarde. Y ocup� todo el resto de la actual provincia de Teruel, colocando los l�mites de Arag�n con Castell�n y Valencia donde hoy est�n, aparte de las ocupaciones posteriores de Rubielos de Mora (1204), Camarena, Ademuz, Castielfabib y El Cuervo (1210), que realiz� Pedro II de Arag�n Buscar voz.... La �ltima poblaci�n ocupada fue Linares de Mora (1223), por Jaime I el Conquistador Buscar voz..., que en un principio ten�a intenci�n de agrandar su reino aragon�s con la ocupaci�n del reino moro de Valencia, por lo que lo repobl� a �fueros de Zaragoza�, hasta que en abril de 1239 cre� el �reino de Valencia� y las fronteras se retrajeron adonde estaba al principio de su reinado. Estas fronteras m�ximas sufrieron recortes posteriormente, precisamente en virtud de los repartos del reino efectuados por Jaime I y las acciones de sus sucesores. Cronol�gicamente las p�rdidas primeras fueron las sitas al sur del Ebro, hasta Ulldecona, con Amposta, que se perdieron hacia 1282. Las tierras hoy valencianas de Ademuz lo fueron con motivo de los repartos aducidos (1244), mientras que las tarraconenses actuales de Orta de San Juan y Gandesa las comenz� a disputar Catalu�a hacia 1300 y ya se hab�an perdido en 1350. De la misma forma, con la recreaci�n del condado de Ribagorza por Jaime II de Arag�n Buscar voz... las fronteras orientales se colocaron pr�cticamente sobre el curso del r�o Noguera Ribagorzana.

Creaci�n del reino de Arag�n. Desde mediados del siglo XIII se repite en todos los textos que Sancho el Mayor Buscar voz..., rey de Pamplona, antes de morir dividi� sus reinos entre sus hijos, dejando Pamplona al primog�nito leg�timo Garc�a de N�jera Buscar voz...; el reino de Castilla, a Fernando; Sobrarbe y Ribagorza, a Gonzalo Buscar voz.... Y a Ramiro Buscar voz..., su hijo natural y primog�nito, el reino de Arag�n. Incluso se relaciona con una leyenda que refiere el presunto adulterio de la reina Muniadona, que fue acusada por sus hijos Garc�a de N�jera y Fernando de Castilla, siendo defendida por su entenado Ramiro, el futuro rey de Arag�n, hasta demostrar la inocencia de la acusada, tema que ha pasado al teatro reiteradamente. Sin embargo, el mejor conocimiento de la documentaci�n y numism�tica del siglo XI muestra que estamos ante una leyenda interesada y falsa en su totalidad. De ah� que se precise estudiar el tema a base de las fuentes coet�neas, partiendo de los �ltimos a�os de reinado de Sancho el Mayor, que poco antes de morir reparti� sus bienes personales entre los distintos hijos. Un documento datable en 1035 permite asegurar que Ramiro de Arag�n recibi� de su padre �toda la tierra que ten�a desde Vadoluengo (cerca de Sang�esa) hasta Matidero� (del municipio de Secor�n, part. jud. Bolta�a), exceptuando Loarre y Samitier (que ser�an de Gonzalo) y Ruesta y Petilla de Arag�n, que ser�an de Garc�a de N�jera. Pero all� s�lo se habla de tierras, nada de dividir el �poder real�. Incluso Ramiro recib�a posesiones en Navarra y Castilla. La revisi�n documental permite afirmar que el rey Sancho el Mayor muri� el 18 de octubre de 1035, dejando la �potestad� real a su hijo Garc�a de N�jera, que en esos momentos estaba en Roma y ten�a escasamente diecinueve a�os. Era rey en Pamplona, Arag�n y Castilla. Por eso existen monedas acu�adas a nombre de garc�a�arag�n. En Castilla, Fernando actuaba como conde. Posiblemente la edad de Garc�a le imped�a ejercer totalmente la potestas, por lo que Ramiro se atribuy� funciones de gobierno en Arag�n, donde hab�a recibido las tierras de su padre. En su testamento se�ala que tuvo Arag�n �en bail�a de Dios�; y en sus documentos originales se titul� �nicamente �Ramiro, hijo del rey Sancho�. Pero nunca tom� el de rey, aunque sus coet�neos as� lo denominaron. Y no tom� el t�tulo real porque su padre acababa de introducir en Espa�a la teor�a de que los reyes lo eran �por la gracia de Dios�: y Ramiro era hijo natural, lo que le imposibilitaba seg�n el Derecho can�nico coet�neo para reinar (el futuro rey deber�a ser hijo de matrimonio can�nico �con arras�). Un documento coet�neo precisa que era �casi como rey�. A partir de la batalla de Tafalla (1038?), su hermano Garc�a de N�jera le reconoci� algunos derechos, que no conocemos bien. Y sigui� actuando como monarca hasta su muerte (9 de mayo de 1069). Durante la �poca de correinado (1062-1063) con su hijo Sancho Ram�rez Buscar voz..., �ste se titul� �Sancho, hijo del rey Ramiro�. Pero al quedar como rey �nico, Sancho Ram�rez comenz� a denominarse �Sancho, el aragon�s por la gracia de Dios� (1069-1075), si bien su significado pol�tico se nos escapa de momento. Puede estar en relaci�n con el hecho de haber quedado como rey �nico, o mejor porque el a�o 1068 hubiese realizado un viaje a Roma para hacerse �caballero de San Pedro�, pasando a constituirse en un vasallo pontificio. Era la �poca en que los papas se consideraban due�os de todas las tierras de Espa�a. A partir de 1071 las bulas pontificias comienzan a denominar �rey� a Sancho Ram�rez, que sin embargo no utiliz� en esos momentos tal titulaci�n. Seg�n la documentaci�n aut�ntica, Sancho Ram�rez comenz� a figurar como rey a partir del momento en que se hizo cargo del reino de Pamplona, tras el asesinato de Sancho de Pe�al�n (junio de 1076). A partir de entonces se llamar�a �Sancho, rey de los Aragoneses y de los Pamploneses�, t�tulo que ostentar�a hasta el momento de su muerte. As�, es posible que el t�tulo real se debiese a la conjunci�n de dos circunstancias: la ocupaci�n del reino de Pamplona y la concesi�n pontificia del t�tulo de �rey�, como ocurri� en otros lugares de Europa. Debe advertirse que el t�tulo no corresponde a las tierras donde el monarca ejerc�a su jurisdicci�n sino a los hombres que la poblaban: Sancho Ram�rez era �rey de los hombres Aragoneses�, no del territorio de Arag�n. La identificaci�n del rey con una base territorial es m�s tard�a, de momento no est� fijada con exactitud. La intitulaci�n de �rey de los Aragoneses� alcanza hasta Ramiro II el Monje Buscar voz..., inclusive. Pero la serie de cambios que se produjeron con motivo de los desposorios de Petronila Buscar voz... con Ram�n Berenguer IV, conde de Barcelona, incidieron sobre la titulaci�n. Ramiro II todav�a se llam� en lat�n rex Aragonensium (�rey de los Aragoneses�); su yerno se titul� princeps Aragonensis (�pr�ncipe Aragon�s�). De momento no se conocen las motivaciones pol�ticas que puede haber para el cambio entre Aragonensium y Aragonensis; pero la hubo. El primer rey de la �Corona de Arag�n�, Alfonso II el Casto Buscar voz..., se titul� rex Aragonensis, al principio; pero desgraciadamente los editores de sus documentos no se han fijado en estas circunstamcias y desarrollan indiscriminadamente las abreviaturas Arag. como lo consideran oportuno, sin fijarse que fue precisamente con este monarca cuando los reyes se titularon definitivamente �reyes de Arag�n�. Har� falta un estudio de esas intitulaciones para ver en qu� momento se pierde la vieja idea de que los reyes lo eran sobre los hombres que viv�an en un territorio para serlo de las tierras que configuraban el �reino de Arag�n�. Posiblemente est� en relaci�n con el tema el hecho de que, en la �poca durante la cual se titularon rex Aragonensis, en las fechas de los documentos dec�an que reinaban �en Arag�n, Pamplona, Huesca, Monz�n, Zaragoza y en las tierras de Espa�a�, como Alfonso I el Batallador. All� se ve c�mo se ha ido formando el reino, por la yuxtaposici�n de territorios conquistados sucesivamente, lo que sugiere la idea de que el nombre de reino de Arag�n en el siglo XI y principios de XII no englobaba todav�a a Huesca o Zaragoza. Pero precisamente fue con el rey Alfonso II el Casto cuando se comenz� a usar el nombre de �reino de Arag�n� para designar el conjunto de tierras que hab�a heredado de su madre la reina Petronila. En el siglo XIII esta idea ya se ha configurado totalmente y la redacci�n de cuerpos jur�dicos de �mbito territorial, como los Fueros de Arag�n Buscar voz..., confirmar�n la idea de que los reyes lo eran de Arag�n.

Corona de Arag�n Buscar voz.... La Corona de Arag�n constituye una forma de organizaci�n pol�tica surgida en la Edad Media y que se mantiene hasta su absorci�n progresiva en la unidad espa�ola a partir de los Reyes Cat�licos. Su origen debe situarse en el testamento de Alfonso I el Batallador Buscar voz..., y en los sucesos que de �l se derivaron: Alfonso, que no ten�a descendencia, hab�a legado el reino a las �rdenes militares, lo que iba en contra del derecho tradicional aragon�s y de los intereses de la nobleza; de ah� que la mayor parte del reino elev� al trono a un hermano del Batallador, Ramiro II Buscar voz..., a la saz�n monje en San Pedro el Viejo de Huesca, al que procuraron consorte que le dio pronto una heredera, Petronila Buscar voz.... La iniciativa aragonesa supuso la separaci�n de Navarra, que llevaba medio siglo unida a Arag�n, y que aprovech� la coyuntura para tener rey propio en la persona de Garc�a Ram�rez el Restaurador, nieto del Cid Buscar voz... por l�nea materna. Pero sobre todo supon�a entrar en conflicto con las �rdenes militares y su valedora, la Iglesia, pues, aunque no aspirasen a que se cumpliera al pie de la letra el testamento del Batallador, a todas luces inviable, s� buscaban una soluci�n de acuerdo con sus intereses. La soluci�n fue casar a Petronila con Ram�n Berenguer IV Buscar voz..., conde de Barcelona, instrument�ndose dos canales jur�dicos paralelos, por los que Petronila era portadora de los derechos que propugnaba el punto de vista aragon�s, y Ram�n Berenguer, que era templario, los de las �rdenes militares.

Esta explicaci�n jur�dica, que supuso la uni�n de Arag�n y Catalu�a, debe completarse con otras razones m�s profundas de pol�tica peninsular. Un a�o despu�s de morir Alfonso I, en 1135, Alfonso VII de Castilla Buscar voz... se hac�a coronar emperador en Le�n, y parec�a dispuesto a practicar una pol�tica hegem�nica sobre toda la pen�nsula. No tard� en aspirar a la corona aragonesa, penetrando en Zaragoza, recientemente conquistada a los almor�vides Buscar voz..., donde fue bien recibido por sus pobladores, que ve�an en �l la mejor manera de sostenerse frente a los musulmanes. Pero la mayor parte del reino, al igual que los catalanes, tem�a la preponderancia castellana, que con sus aspiraciones sobre las tierras moras de Levante pod�a cerrar el paso de la expansi�n reconquistadora a los restantes reinos peninsulares. De ah� que Ramiro II, tras fracasar varias tentativas de soluci�n, ofreciera su hija Petronila, y con ella el reino de Arag�n, al conde de Barcelona, que acept� de inmediato, ante las ventajas que la uni�n le reportaba.

Este matrimonio preconizaba la uni�n personal de los territorios sobre los que dominaban los reyes de Arag�n y los condes de Barcelona. Pero no la causaron de forma inmediata, ya que la realeza aragonesa fue transmitida por Petronila a su hijo Alfonso, el primero que, por consiguiente, uni� en su persona la soberan�a de los dos pa�ses y los gobern� por derecho propio. Por eso Ram�n Berenguer no se titul� nunca rey, a pesar de que la Iglesia le concediera el t�tulo real en su donaci�n. Con evidente tacto pol�tico, el conde prefiri� atenerse en este asunto al punto de vista jur�dico aragon�s, titul�ndose �nicamente pr�ncipe.

�Qu� efectos jur�dicos produjo la uni�n de ambos pa�ses? Se ha observado, con raz�n, que no se trataba de la fusi�n de los territorios, que siguieron gobern�ndose con plena autonom�a, sino de una simple uni�n en el v�rtice, esto es, en la persona de su pr�ncipe o soberano. De ah� que la denominaci�n que mejor cuadre a esa realidad pol�tica fuera la de Corona (de Arag�n), con la que fue designada al cabo de alg�n tiempo, y no la de confederaci�n, que impropiamente le han dado algunos historiadores modernos. El nombre Corona de Arag�n s�lo se impuso a partir del siglo XIV, despu�s de que se ensayaran otras expresiones m�s gen�ticas, como Reyal Corona o Corona Aragonum et Catalonie.

Mas, para comprender todo el alcance que en la Edad Media ten�an estas uniones personales es preciso recordar el escaso grado de desarrollo de los Estados en aquella �poca, y el papel eminente que en tal situaci�n correspond�a a la persona del pr�ncipe o soberano. La falta de una integraci�n territorial plena y de una aut�ntica solidaridad nacional era suplida mediante el estrechamiento de los v�nculos personales entre el rey y los representantes m�s calificados de la tierra: la nobleza y las ciudades. En virtud de esos lazos, aragoneses y catalanes se convierten en �servidores del rey, no del reino� (J. M. Lacarra), lo que puede dar idea de que la uni�n personal, en esas circunstancias, pod�a tener m�s implicaciones de las que aparecen a primera vista.

Por eso es importante consignar lo que supuso la uni�n para cada uno de los pa�ses fundacionales. Catalu�a, por su densidad demogr�fica y su dinamismo mercantil, estaba destinada a ser casi siempre el n�cleo rector de la Corona y el m�s beneficiado. Para lograrlo, no era preciso que intervinieran en los asuntos internos de Arag�n o de los posteriores miembros de la Corona: hay que reconocer que en este punto hubo siempre un r�gido respeto formal a las respectivas autonom�as; bastaba con tener a su favor a la monarqu�a, ya que �sta se hallaba en condiciones de canalizar hacia un pa�s o hacia una empresa determinada muchas energ�as de los otros pa�ses o reinos, cuyos habitantes eran vasallos y, en �ltimo t�rmino, �servidores del rey�, quien pod�a exigirles el cumplimiento de sus obligaciones. Tales posibilidades no fueron puramente te�ricas: la historia de la reconquista y de la expansi�n mediterr�nea muestra hasta qu� punto Catalu�a impuso sus criterios e intereses a trav�s del monarca, el cual hall� en los catalanes una colaboraci�n que, naturalmente, no obtuvo de los aragoneses, quienes empezaron a condicionar sus servicios a que �stos fueran empleados en el propio reino.

Arag�n, por su parte, recibi� el primado de honor dentro de la Corona, que los reyes nunca le disputaron. No se ha precisado bien hasta qu� punto los condes de Barcelona anhelaban el t�tulo de rey, y las utilidades que de �l esperaban obtener, aunque ambas cosas parecen fuera de duda. De ah� la estima con que aceptaron el t�tulo de reyes de Arag�n, y que �ste pasara a ser el t�tulo y nombre principal de la dinast�a (�titulum et numen nostrum principale�, dir� Pedro IV), y Zaragoza la cabeza visible del mismo, aunque esa capitalidad tuviera m�s de honor�fico que de otra cosa. Los nuevos soberanos manifestaron tambi�n su predilecci�n por los nombres tradicionales aragoneses (Alfonso, Pedro), frente a los catalanes (Berenguer, Ram�n) que ya no vuelven a ser empleados. Es significativo que el hijo de Ram�n Berenguer IV, bautizado con el primer nombre de su padre, dejara �ste y adoptase el de Alfonso II, con el que le conoce la historia.

Al ser Arag�n el t�tulo de mayor dignidad, pas� a ocupar el primer lugar de las titulaciones reales, lo que hizo que diese su nombre a la entidad pol�tica que estaba naciendo: la Corona de Arag�n. Efectivamente, fue costumbre de la dinast�a enumerar los diferentes reinos y territorios que pose�a: Arag�n, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerde�a, etc. S�lo en alguna ocasi�n prescindi� el rey de esta costumbre; como cuando Jaime I Buscar voz... separ� de la Corona el reino de Mallorca para su segundog�nito Jaime, el hijo mayor, Pedro III el Grande, se limit� a titularse Rex Aragonis, suprimiendo los dem�s para no hacer patente la separaci�n de Mallorca, que �l no aceptaba. Tales enumeraciones ten�an, adem�s, otro inconveniente, ya que los reinos deb�an preceder a los condados, por lo que Barcelona descend�a a los �ltimos lugares. Se cre� por ello cierto malestar entre los catalanes que, due�os del poder econ�mico y pol�tico, aspiraban (tambi�n a obtener la primac�a en estas y otras cuestiones protocolarias. Consiguieron a veces que el rey fuera a Catalu�a antes que a Arag�n a jurar fueros y costumbres. Pero deb�an entrar en los combates al grito de ��Arag�n, Arag�n!�, por lo que m�s tarde, en un claro intento compensatorio, se dej� circular la idea de que los colores de la bandera de la dinast�a hab�an sido tomados de Catalu�a.

Expansi�n de la Corona de Arag�n. La Corona de Arag�n tuvo un espectacular crecimiento tras la uni�n de catalanes y aragoneses. Unos y otros ten�an vasallos al otro lado del Pirineo. Despu�s de la uni�n, esta influencia creci� grandemente, sobre todo por obra de Alfonso II, que posey� el condado de Provenza y el Rosell�n; as� como el vasallaje de varios condes del Languedoc, de otros fronterizos al reino de Arag�n (Bearne, Bigorra), y el del conde de Foix. Coincid�a con una reacci�n del Mediod�a franc�s frente al centralismo amenazante de Par�s, cuyo agente era el conde de Tolosa, Alfonso Jord�n. Alfonso II supo explotar esta situaci�n en su favor, pero resulta tal vez exagerado el t�tulo de �imperio occit�nico� con el que se suele designar el heterog�neo conjunto de dominios que hemos mencionado. Todo ello se vino abajo en el reinado de su hijo Pedro II Buscar voz.... La ofensiva lanzada por Par�s para unir estos territorios a la corona, hall� un magn�fico apoyo en el esp�ritu de cruzada que se hab�a predicado contra los albigenses. Sim�n de Montfort Buscar voz... era el caudillo de ambas empresas. Pedro II se le opuso en defensa de sus vasallos, pero cay� muerto en la batalla de Muret Buscar voz... (1213). Aunque posteriormente hubo algunos intentos de reacci�n, la verdad es que el sue�o occit�nico se desvaneci� con la muerte de este rey.

M�s eficacia tuvo la expansi�n a trav�s de la Reconquista. La uni�n permiti� llevar a cabo la ocupaci�n de los territorios que anteriormente hab�an disputado catalanes y aragoneses, como algunos comprendidos entre el Cinca y el Segre. En 1149, Ram�n Berenguer ocup� L�rida. Un a�o antes, Tortosa. El conde catal�n no los incorpor� ni a Arag�n ni a Catalu�a, sino que los a�adi� a su corona como territorios diferenciados. Fue m�s tarde, al consolidarse la conciencia nacional de catalanes y aragoneses, cuando se plante� la cuesti�n sobre a qui�n pertenec�an esas tierras. Ambas partes cre�an contar con derechos hist�ricos y apoyos jur�dicos, pues por L�rida y Tortosa corr�a la moneda jaquesa pero se gobernaba por los Usatges y por las asambleas de paz y tregua catalanas. Se cre� as� un problema que Jaime I intent� resolver sin que se lograra hasta Jaime II, mediante una soluci�n salom�nica que dej� L�rida para los catalanes. Estos problemas fronterizos afectaban tambi�n a Ribagorza, donde el rey instituy� un condado, distinto de Arag�n y Catalu�a.

El avance m�s espectacular de la reconquista se hizo bajo Jaime I con la conquista de Valencia y Mallorca, que proporcionaron dos nuevos reinos a la Corona. El de Mallorca comprend�a, adem�s de esta isla, conquistada en 1229, el resto de las Baleares. Ibiza fue tomada en 1235. Menorca se someti� a vasallaje y no fue ocupada hasta 1287 por Alfonso III Buscar voz.... La empresa de Mallorca se ha definido como obra de catalanes, pues fueron ellos los que apoyaron al rey con armas y dinero. La verdad es que respond�a a sus intereses mercantiles, por lo que los aragoneses mostraron poco entusiasmo, lo que no significa que aquellos que estaban obligados con el rey no acudiesen con sus armas. Pero los ojos de los aragoneses estaban puestos en la conquista de Valencia, donde Jaime I hab�a fracasado en 1225, por causa de los intereses encontrados de algunas instituciones del reino. Cuando se llev� a cabo, a�os m�s tarde, los aragoneses pudieron comprobar hasta qu� punto les era desfavorable la pol�tica del rey. �ste orient� sus esfuerzos a la creaci�n de un reino nuevo dotado de leyes y personalidad propia, e independiente por completo de Arag�n, cuyos fueros, propugnados por los nobles y los repobladores aragoneses, fueron lentamente desplazados por voluntad real.

La expansi�n mediterr�nea completa el desarrollo territorial de la Corona de Arag�n. Pedro III el Grande conquist� Sicilia en 1282. Pero la oposici�n del papa y de los franceses oblig� a sus sucesores a abandonarla, aunque los sicilianos mantuvieron all� una dinast�a catalano-aragonesa hasta que la isla fue reincorporada a la Corona por Mart�n el Humano Buscar voz... en 1409. Por la renuncia de Sicilia, Jaime II obtuvo del Papa la investidura de C�rcega y Cerde�a. La conquista efectiva de �sta se inici� en 1323 y fue lenta y costosa (se le llam� �tumba de aragoneses�); C�rcega no lleg� nunca a ser conquistada. La espectacular expedici�n de los almog�vares a Oriente dio lugar a la conquista de los ducados de Atenas y Neopatria, anexionados primero a Sicilia y desde 1380 a la Corona, por Pedro IV. Se perdieron durante el reinado de Juan I Buscar voz..., ante el empuje de los turcos.

Organizaci�n de la Corona de Arag�n. Siendo la monarqu�a el �nico lazo que originariamente vinculaba entre s� a los territorios de la Corona, es l�gico que �sta no tuviera m�s �rganos comunes que la propia monarqu�a y aquellas instituciones a trav�s de las cuales el rey despachaba sus asuntos. As� se explica la importancia de la presencia f�sica del soberano en los diferentes pa�ses de la Corona. Pero la multiplicaci�n de �stos la hac�a cada vez m�s dif�cil. Para Arag�n, Catalu�a y Valencia se estableci� una especie de rotaci�n, que obligaba al monarca a repartir su estancia entre ellos a lo largo del a�o. Mas como esto no era suficiente, aparecieron otras magistraturas, unas de car�cter ordinario y con jurisdicci�n propia, como el Gobernador General de cada reino, cargo vinculado muy pronto al primog�nito, y otras, como el Lugarteniente, que eran ante todo una representaci�n de la persona del rey. En algunos lugares, como en Sicilia, se les dio, por esa raz�n el nombre de virreyes, con el que tal instituci�n se incorpor� a la historia de la administraci�n espa�ola despu�s de los Reyes Cat�licos.

En la Alta Edad Media, el rey despacha sus negocios a trav�s de la Casa Real, conjunto de oficiales que ayudaban al rey tanto en los asuntos privados como p�blicos. El desarrollo posterior de la Casa Real corre paralelo al de la misma instituci�n mon�rquica. Desde Alfonso II y Pedro II el rey trata de extender el �mbito de sus competencias y de justificar sus poderes mediante la fijaci�n de una doctrina teocr�tica de la realeza y la potenciaci�n de la figura del soberano, quien se rodea de un ampuloso ceremonial que le distancia de los s�bditos. Todo crece a su alrededor en id�nticas proporciones. La Casa del Rey se engrandece tanto por la importancia de los asuntos que trata como por el n�mero creciente de funcionarios. A finales del siglo xiii destacan cuatro grandes oficios, algunos de vieja raigambre, como los de mayordomo, camarlengo y canciller, y otros de nueva creaci�n, como el de maestre racional, jefe de la hacienda regia. Sus titulares pertenec�an por derecho propio al Consejo Real. Eran comunes a toda la Corona, aunque el particularismo creciente hizo que algunos, como el primero, se desdoblaran, cre�ndose tantos mayordomos como reinos.

El �rgano consultivo m�s importante en los comienzos de la Corona de Arag�n era la curia regia. Aunque se trataba de una especie de consejo afecto a la persona del pr�ncipe, y por tanto, com�n para toda la Corona, pronto se estableci� cierta distinci�n respecto a su funcionamiento y a los asistentes, seg�n que los asuntos fueran catalanes o aragoneses. Pero la divisi�n por reinos se impuso r�pidamente, sobre todo cuando, por evoluci�n de la curia regia, aparecen las Cortes Buscar voz..., que se convirtieron en la representaci�n natural de cada reino y de su estructura estamental. Nunca existieron cortes comunes a los diferentes pa�ses de la Corona. A lo sumo, se convocaban �cortes generales�, pero cada reino se reun�a por separado en lugares pr�ximos. Las Cortes canalizaron, adem�s, el esp�ritu nacionalista de cada reino �que lleg� a imponer al monarca el indigenismo de los oficiales� y los intentos de regular los poderes de la monarqu�a y dem�s instituciones del reino, lo que origin� un gobierno paccionado, es decir, pactado entre el rey y los s�bditos. Esto hizo que, aunque normalmente las formas de gobierno resultantes fuesen muy similares de un pa�s a otro tampoco faltar�n a veces instituciones peculiares, destacando en este sentido el Justicia de Arag�n Buscar voz..., en principio un simple juez de palacio, pero que luego se convirti� en juez constitucional entre el rey y el reino.

La historia medieval de la Corona de Arag�n muestra la existencia de dos tendencias de signo distinto, aunque no contradictorias. Por una parte, la afirmaci�n interna de la personalidad de cada uno de sus Estados condujo a la aparici�n de las Diputaciones que, con breve intervalo de tiempo, se formaron sucesivamente en Catalu�a, Arag�n y Valencia. Nacidas para ejecutar ciertas decisiones fiscales, como recaudar y administrar impuestos, terminaron ejerciendo la representaci�n permanente del reino cuando se disolv�an las cortes. Por el contrario, la necesidad de robustecer los lazos de los distintos pa�ses con la corona llevaron a Jaime II en 1319 a jurar la indisolubilidad de Arag�n, Catalu�a y Valencia, base de la uni�n, juramento que luego renovaron los reyes posteriores.

A partir de la unificaci�n peninsular realizada por los Reyes Cat�licos, la Corona de Arag�n fue lentamente desapareciendo, primero como realidad pol�tica y finalmente como realidad institucional. Desde la �poca de Carlos I Buscar voz..., los pa�ses que la integraban dejaron de actuar solidariamente, integr�ndose en la unidad m�s amplia que era la Corona de Espa�a. S�lo la permanencia en la corte del Consejo de Arag�n Buscar voz..., que entend�a en los asuntos de Arag�n, Catalu�a, Valencia, Mallorca y Cerde�a, recordaba la existencia de la vieja realidad pol�tica. El Consejo de Arag�n fue abolido por los Borbones, junto con las dem�s autonom�as y peculiaridades pol�ticas, entre 1707 �Arag�n, Valencia� y 1716 �Catalu�a.

Arag�n en la Edad Moderna. Durante el per�odo que habitualmente denominamos Edad Moderna, Arag�n mantuvo las constantes org�nicas del Estado medieval, pese a los peri�dicos embates de la monarqu�a por involucrar al reino en su pol�tica propia, tanto interna como exterior. Los intentos reformadores de Fernando II Buscar voz..., la presi�n militar ejercida por Felipe I Buscar voz... a consecuencia de las llamadas �alteraciones de Arag�n Buscar voz...�, y las reformas de la constituci�n aragonesa, acordada en las Cortes celebradas en Tarazona Buscar voz... en junio de 1592, no extinguieron la personalidad del viejo reino, pese a quedar muy mermada. La represi�n del rey sobre el reino, ejercida a la sombra del ej�rcito castellano, supuso la sumisi�n del Estado aragon�s a los designios de la monarqu�a universal de los Austrias hisp�nicos. Los Fueros aragoneses se mantendr�an vigentes, aunque reformados en algunos puntos de singular trascendencia. Como consecuencia de todo ello, Arag�n ir� perdiendo fuerza para oponerse a los reyes en las decisiones que perjudicaban los intereses del reino.

A fines del siglo XVII, cuando Arag�n comenzaba a recuperarse de los desastres padecidos durante la centuria (expulsi�n de los moriscos Buscar voz..., pestes Buscar voz... y guerras), la muerte de Carlos II Buscar voz... dar�a lugar a una nueva interrupci�n en su desarrollo constitucional, con el conflicto sucesorio conocido como guerra de Sucesi�n Buscar voz.... La nueva monarqu�a borb�nica reforzada tras la batalla de Almansa Buscar voz..., decidir� en los Decretos de Nueva Planta Buscar voz... una nueva fisonom�a para Arag�n, extinguiendo su personalidad pol�tica, aboliendo su independencia y autonom�a, adscribiendo al viejo reino al uniformismo generalizado en Europa y reduci�ndolo al modelo castellano, m�s acorde con el sistema franc�s. Sin embargo, pese a la p�rdida de su forma pol�tica, la esencia del reino permanece, traducida en una conciencia aragonesa de la que es testigo el siglo XVIII y a la que la llustraci�n aragonesa da nuevas y espl�ndidas formas. La idea conceptual del reino se mantiene, y no s�lo en los escritores pol�ticos de su tiempo, como Asso y Calomarde, sino que es algo m�s profundo que se pondr� de manifiesto a consecuencia de la invasi�n napole�nica.

Inmediatamente resurge la realidad del reino, como forma de Estado aragon�s, en las mentes de los caudillos populares, quienes resucitan sus viejas instituciones. Y en las Cortes de C�diz Buscar voz... representantes aragoneses ocupar�n un destacado lugar. El retorno del Antiguo R�gimen Buscar voz... y la reestructuraci�n administrativa que se hace de Espa�a a partir de 1820, con la creaci�n de cuatro provincias en Arag�n en 1823 (Calatayud, Huesca, Teruel y Zaragoza) y la definitiva reforma administrativa de 1833, supondr�n un duro golpe a la conciencia aragonesa. Sin embargo, el apego a la viejas libertades forales, transmitido de padres a hijos como vinculaci�n a una identidad propia, diferenciadora de sus vecinos, se har� notar en las contiendas civiles que conocemos como guerras carlistas Buscar voz.... No deja de tener importancia que, a la hora de ganar adeptos en Arag�n, los predicadores del carlismo Buscar voz... prometiesen la restauraci�n de las libertades forales aragonesas, como eficaz medio de atracci�n de los aragoneses a la causa del carlismo.

 

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